Magia Blanca y Negra Franz Hartmann MD

La ciencia de la vida finita e infinita

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(1886)

Franz Hartmann, MD

Prefacio

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"Todo cuanto en la tierra existe tiene su eterea contraparte encima de la tierra; y nada hay en el mundo, por insignificante que parezca, que no dependa de algo superior. asi es que si lo inferior actua, su correspondiente parte superior, que lo preside, reaccionara a ello."

Sohar Wajecae, Fol. 156, 6.


MAGIA, Blanco y Negro

o

La ciencia de la vida finita e infinita

que contiene

Consejos prácticos para estudiantes de ocultismo

por

FRANZ HARTMANN, M.D.


"Porque en nuestra búsqueda se cumplen todos nuestros deseos, y obtenemos la victoria sobre todos los mundos". – Khand. Upanishad


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Frontispiece as described in text

Descripción del frontispicio

Al pie del grabado se ve una esfinge dormida, cuyo cuerpo en forma humana, de cintura arriba, representa los principios superiores; mientras que de cintura abajo tiene forma de animal y simboliza los principios inferiores.

Sueña en resolver el gran problema de la formación del Universo y en la naturaleza y el destino de la Humanidad; y su sueño toma la forma de la figura que se ve sobre ella, representativa del Macrocosmos y del Microcosmos con su mutua acción.

Arriba, alrededor, en todo, sin principio ni fin, compenetrando cuanto existe, desde la ilimitada e inimaginable periferia hasta el invisible e incomprensible centro, está Parabrahm, el inmanifestado Absoluto, el supremo origen de todo poder ya manifestado o que en lo futuro se manifestará, por cuya actividad fue puesto el mundo en existencia y proyectado por el poder de Su propia voluntad e imaginación.

El Omega y el Alpha, en el centro, representan el "Hijo", el Absoluto manifestado como Logos Universal o El Cristo, también llamado Buddhi o sexto principio, la causa del principio y fin de todo lo creado.

Es Uno con el "Padre", manifestado como Trinidad en Unidad y es la causa de lo que llamamos Espacio, Movimiento y Substancia. Su manifestación suprema es la conciencia del Yo, por la que es posible llegar a la comprensión del Hombre. El hombre espiritual, cuya matriz es su propio cuerpo físico, se nutre del universal principio espiritual, de la misma manera que el feto físico se alimenta de la matriz de la madre, pues su alma está formada de las influencias astrales, o sea el alma del mundo.

Del Logos Universal dimana la "invisible Luz" del Espíritu, la Verdad, la Ley y la Vida, que abarcan y penetran el Cosmos y se manifiestan en la iluminada alma del Hombre, mientras que la luz visible de la Naturaleza es tan sólo su aspecto material o modo de manifestación, de la propia suerte que el sol visible es reflejo de su prototipo divino, el invisible centro de fuerza, o gran Sol espiritual.

El círculo, con los doce signos del Zodíaco, que limita el espacio en que se representan los planetas de nuestro sistema solar simboliza el Cosmos, lleno de las influencias planetarias que penetran en la Luz Astral y provienen de la mutua acción entre las emanaciones astrales de los cuerpos celestes y las de sus habitantes.

La actividad del Cosmos está representada por el triángulo entrelazado. Los dos exteriores representan las grandes potestades de creación, conservación y destrucción o Brahmá, Vishnu y Siva, que actúan sobre los elementos Fuego, Agua y Tierra, es decir, sobre los principios originarios de las substancias y formas etéreas, fluidas y sólidas.

Los dos triángulos entrelazados interiores se refieren más especialmente al desarrollo de la Humanidad, B, C y D representan el Conocimiento, el Conocedor y lo Conocido, cuya trinidad constituye el Conocimiento íntimo. E, F y G representan el Hombre físico, el Hombre Interno o etéreo y el Hombre Espiritual. El centro representa el divino Atma, idéntico al Logos Universal y como éste trino en uno.* Es la semilla espiritual sembrada en el alma del hombre, por cuyo desarrollo se adquiere la vida inmortal. Su luz es la Rosa de la Cruz formada por la Sabiduría y el Poder. Debajo de todo está el reino de la Ilusión, que formado de los más groseros, densos y materializados pensamientos, se hunde en las Tinieblas y en la Muerte donde se descomponen y pudren, disolviéndose de nuevo en los elementos de los cuales el Universo surgió a la existencia.


* De las tres A entrelazadas sólo se distingue una en la figura.


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Prefacio a la 4ta Edición

Fue escrita esta obra con el propósito de desengañar a ciertos indagadores crédulos que se figuraban que el ejercicio de los poderes espirituales puede enseñarse por medio de determinados hechizos y fórmulas de encantamiento. Tratábase de demostrar que al ejercicio de los poderes espirituales debe preceder su educación, y se quiso exponer las condiciones necesarias para su desenvolvimiento.

El propósito que se tuvo al escribir esta obra motivó el darle el título que lleva, porque "magia" significa el divino arte de ejercitar los poderes espirituales con que el despertado espíritu del hombre gobierna los invisibles elementos vivientes en la substancia anímica del universo, y sobre todo los de su propia alma, que son los más cercanos a él.

Si deseamos adueñarnos de una fuerza cualquiera necesitamos conocerla y saber de donde procede; y como para estudiar las cualidades de las fuerzas interiores no hay mejor medio que la observación de las que actúan en nosotros mismos, lo más apropiado para lograr nuestro objeto será percibir el proceso efectuado en nuestro organismo psíquico.

El arte de la magia es el ejercicio del poder espiritual obtenido por la práctica del dominio propio, y este poder no puede adquirirse por ningún otro medio, ni cabe enseñar a nadie el ejercicio de un poder que no posee porque todavía no lo ha educido. Únicamente podemos indicar el medio de actualizar las potencias psíquicas latentes en todo hombre. La constitución humana es idéntica en todos los individuos, y en cada cual están latentes o en germen los poderes mágicos, aunque no vale decir que existan antes de que se actualicen y manifiesten, primero interiormente y después en dirección externa. Al escribir esta obra su propósito no era compilar un código de ética y por lo tanto acrecer el montón de preceptos morales ya existentes, sino que se intentó auxiliar al aprendiz de ocultismo en el estudio de los elementos componentes de su propia alma, de modo que llegase a conocer su organismo psíquico. Se deseó con ello impulsar el estudio de una ciencia que podría denominarse: anatomía y fisiología del alma, cuyo objeto es investigar los elementos componentes del organismo anímico y la fuente de que manan los deseos y emociones del hombre.

Las ciencias físicas han adelantado a paso rápido en los dominios de los fenómenos superficiales y las ilusiones externas; pero la ciencia de la realidad interna y del hombre invisible es muy poco conocida todavía. Las fuerzas mecánicas y químicas de la naturaleza se han subordinado a las ciencias físicas, que pusieron un dogal en el cuello de esos gigantes llamados Vapor y Electricidad para atarlos a su carro triunfal. Las ciencias físicas han convertido el movimiento, el calor, la luz y el magnetismo en obedientes esclavos del hombre, al que con sus descubrimientos le han substraído hasta cierto punto de las condiciones impuestas por el tiempo y el espacio. Las ciencias físicas han dado realidad práctica a ideas que hace un siglo se diputaban por quiméricas fantasías de visionarios y soñadores.

¿Por qué habríamos de detenernos aquí? ¿Por qué no hemos de llegar todavía más lejos y rendir las semiconscientes y conscientes fuerzas que penetran nuestra alma y también el alma del mundo? ¿Por qué no ha de sernos posible plasmar por la omnipotencia de la Voluntad los vivientes aunque informes Elementales y dar condensada forma a los vivientes y universales principios que si bien actualmente invisibles para nosotros no por ello dejan de existir? Todo esto lo realizaron hace miles de años los sabios orientales y también podremos realizarlo nosotros cuando alcancemos el estado de perfección que caracteriza a los Adeptos.

Para llegar a este fin no basta en modo alguno la lectura superficialmente intelectiva de los tratados de ocultismo. Los divinos misterios de la naturaleza trascienden el poder conceptivo de la mente limitada y es preciso que los perciba el poder del espíritu. Quien no pueda percibir espiritualmente una verdad espiritual con los ojos del espíritu, tampoco podrá percibirla claramente por razonamientos intelectuales ni por estudio de libros que traten de estas materias y que nunca deben ser nuestros dueños sino nuestros servidores. Tan sólo son útiles los libros para describir los pormenores de lo que ya hemos descubierto en las profundidades de nuestra alma; son sencillamente auxiliares que sostienen ante nuestros ojos magníficos espejos en donde se reflejan las verdades cuya presencia sentimos en nosotros mismos.

El insigne filósofo Jacobo Boheme dice con respecto al estudio del ocultismo:

"Si deseáis investigar los divinos misterios de la naturaleza, comenzad por investigar vuestra propia mente y preguntaos si son puras vuestras intenciones. ¿Queréis practicar en beneficio de la humanidad las buenas enseñanzas que recibisteis? ¿Estáis dispuestos a renunciar a todo apetito egoísta que anuble vuestra mente y os impida ver la clara luz de la verdad eterna? ¿Queréis ser instrumentos de manifestación de la divina Sabiduría? ¿Sabéis lo que significa estar unidos con vuestro verdadero Yo, desprenderos de vuestro ilusorio yo, identificaron con el viviente y universal poder de Dios y matar vuestra umbrosa e insignificante personalidad terrena? ¿O es que deseáis adquirir superior conocimiento tan sólo para satisfacer vuestra curiosidad y engreiros de vuestra sabiduría creyéndoos superiores a los demás hombres? Considerad que los arcanos de la Divinidad sólo puede descubrirlos el espíritu que actúa en vosotros. De vuestro interior y no de lo exterior ha de dimanar el verdadero conocimiento, y quienes busquen la esencia de las cosas en lo externo podrán encontrar el color artificial de las cosas, pero no la verdadera cosa en sí misma.

"Debemos educar la mente, pero más todavía el corazón. Hemos de comprender intelectualmente las leyes de todas las cosas; pero nuestro falible entendimiento no ha de ser el punto de partida de nuestras investigaciones. El hombre no debe dejarse dominar por razonables apariencias, sino que ha de subyugar su mente de modo que la luz de la divina sabiduría ilumine su entendimiento. Si nuestro juicio queda limpio de toda mácula egoísta y nuestra alma vibra en armonía con el eterno espíritu, nuestro perecedero intelecto recibirá la inextinguible luz de la divina Sabiduría y será capaz de abarcar y resolver los más hondos problemas de la naturaleza. Si nuestros deseos y nuestra razón se apegan a la esfera del yo inferior, veremos tan sólo las ilusiones que nosotros mismos nos hayamos forjado; pero si la obediencia a la ley universal nos hace libres, nos identificaremos con la ley y veremos la verdad en toda su pureza."

A todo esto añadiremos, como advertencia para los investigadores, que es sumamente peligrosa y acarrea deplorables consecuencias la investigación científica de los ocultos misterios de la naturaleza, sin el firme fundamento de la verdadera espiritualidad. La percepción de las cosas espirituales es una facultad peculiar del hombre espiritualmente evolucionado y ajena a los entendimientos semimateriales. Quien continuamente discurre sobre lo que no puede comprender es un soñador inepto para la vida práctica e incapaz de cumplir sus deberes cotidianos, con riesgo de caer en la locura o en el suicidio. La escuela del ocultista sólo está abierta para quienes se hayan graduado en la escuela de la vida terrena.

Por lo tanto, quienes anhelen adquirir poder espiritual o divino, han de tomar el consejo de elevarse espiritualmente a las supremas regiones del pensamiento y permanecer allí como en su habitual residencia. Han de perfeccionar su cuerpo físico y su constitución mental de suerte que la respectiva materia componente se vaya sutilizando y haciendo más receptiva a la divina luz del espíritu. Entonces se adelgazará más y más el velo que los separa del mundo invisible y echarán de ver que el círculo que limita su existencia terrestre y fenoménica es simplemente un corto segmento del máximo círculo en que se encierra su existencia como ser consciente en el plano espiritual. Según aumente su conocimiento trascendental, aumentará el hombre su poder espiritual, hasta que por la comprensión de las divinas leyes del universo llegue a ser colaborador de Dios y por su mediación obre Dios milagros.


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Prefacio del Autor

La época actual es de controversia. La mayoría de las gentes instruidas viven, como si dijéramos, con la cabeza, y olvidan las necesidades del corazón. Predomina la fatuidad y sólo se oye a la sabiduría cuando no contradice los motivos egoístas. Los guardianes de una estrechamente limitada ciencia se engañan al creerse capaces de poner la infinita verdad al alcance de su finito entendimiento y niegan lo que no comprenden.

Los filósofos especulativos repugnan reconocer el poder eterno del amor universal cuya luz se refleja en el alma humana; desean examinar las eternas verdades a la vacilante luz de la razón intelectual según las percepciones de los sentidos; olvidan que la Humanidad es una Unidad y que un solo individuo no puede abarcar el Todo; y el ignorante exige la demostración científica de que el hombre ha de ser creyente y sincero, sin dar a sus propios intereses mayor importancia que a los ajenos.

Se admite universalmente que el destino final de un individuo no puede depender de las teorías que éste se haya forjado mentalmente respecto de cosmología, neumatología, planes de salvación, etc., y que mientras no tenga conocimientos verdaderos, cualquier creencia u opinión puede serle tan útil como la otra. Sin embargo, no cabe negar que cuanto antes un individuo se libre del error y reconozca la verdad genuina, menos le estorbarán los obstáculos que se interpongan en el camino de su evolución superior y más pronto alcanzará la cima de su perfección final.

Por lo tanto, las cuestiones más importantes parecen ser las siguientes: ¿Es posible que un hombre sepa lo que está más allá de su percepción sensorial, si no se lo revela alguna presupuesta autoridad? ¿Puede desarrollarse la intuición hasta formar un conocimiento práctico sin posibilidad de error, o estamos destinados a depender de la opinión y conocimientos ajenos? ¿Puede algún individuo poseer poderes superiores a los que la ciencia moderna reconoce, y cómo pueden adquirirse esos poderes?

Las páginas que siguen se escribieron con objeto de procurar responder a semejantes preguntas, que tanto interesan a los que desean saber la verdad respecto a la verdadera naturaleza del hombre y de su lugar en el universo. Quienes ya sepan todo esto, no necesitan leer estas páginas; pero a los que quieran aprender, les pueden ser útiles, y les recomendamos los consejos que dio Gautama a sus discípulos: "No creáis nada que no esté conforme con la razón, y no rechacéis nada, por más contrario a la razón que os parezca, sin examinarlo bien".

En las siguientes páginas intentamos señalar el camino por donde el hombre puede llegar a ser instrumento de la divina Potestad de que la Naturaleza es obra. Forman estas páginas un libro que no lleva impropiamente el título de "Magia", porque si el lector acierta a seguir prácticamente sus enseñanzas será capaz de atestiguar la mayor proeza mágica: la regeneración espiritual del hombre.

Este libro no lleva la intención de convencer a los escépticos de que los fenómenos ocultistas ocurrieron en el pasado y ocurren en la actualidad, por más que se ha intentado demostrar la posibilidad de los fenómenos psíquicos por medio de explicaciones de las leyes que los rigen. No se ha dedicado espacio a prolijos ejemplos demostrativos de los fenómenos, pues quienesquiera pueden hallarlos en los libros que se mencionan en las notas puestas al pie de las páginas.

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Comentarios de la Fundación TAT

ESTE LIBRO ES MÁS DE LO QUE PARECE SER. EL TÍTULO ES PARADOXICAL: ES MUCHO MÁS QUE UN TRATADO DE MAGIA.

No es un libro de trucos de salón, ni un juego de manos sensacional. No es un libro dedicado a la producción de milagros u homúnculos, ni al lanzamiento de hechizos, la comunicación con espíritus o las almas de hombres muertos, ni está dedicado a la búsqueda de la magia talismánica egoísta.

Este libro tiene que ver con la sabiduría. Este es su primer gran valor. El autor expone con valentía ciertas verdades sin compromiso y sin ninguna apelación al lector por el acuerdo del lector. El lector pronto percibe que el autor posee un gran cuanto mental, o podría juzgar erróneamente que el autor es un fanático. El lector que haya entendido previamente el concepto de una vida y un mundo ilusorios, seguirá leyendo con entusiasmo, esperando la verdadera magia de las revelaciones adicionales.

Este libro también tiene que ver con la magia que a menudo se deletrea en inglés como Magick. Le da al lector la fórmula invaluable para el poder mental y el logro espiritual. Las estructuras nebulosas del alma y la mente creadas por la adivinanza o la creencia ciega se disuelven mediante la explicación directa de las relaciones entre el cuerpo y el alma, y entre la Esencia y las Proyecciones de Esencia que son en gran medida ilusiones.

Ningún editor ha fabricado este libro creyendo que es un best seller. Siempre se elegirá porque es uno de los grandes libros de todos los tiempos, dedicado a la Verdad en lugar de la popularidad y a la Humanidad en lugar de a la fama o al beneficio.

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