Magia Blanca y Negra Franz Hartmann MD

La ciencia de la vida finita e infinita

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(1886)

Franz Hartmann, MD

Capitulo IV – La Vida

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Triangle inscribed in a square

"Siempre he existido, y no dejaré de ser." – Bhagavad Gita

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Una vida

El universo de formas puede compararse a un caleidoscopio en que las modalidades de la energía primaria aparecen, desaparecen y reaparecen en ilimitada variedad. Así como en el caleidoscopio los pedazos de vidrio coloreado no cambian de substancia, sino sólo de posición, y por medio de las ilusorias reflexiones de los espejos, a cada vuelta del instrumento prestan nuevas constelaciones y figuras, así la Vida una se manifiesta en infinito número de formas consciente o inconscientemente, sin inteligencia o con inteligencia, con voluntad o sin ella, desde el átomo cuyas auras y éteres se precipitan por un vórtice común,* hasta los ardientes soles cuyas fotosferas se extienden a millones de kilómetros, y desde el microscópico ameba hasta el hombre perfecto, cuya inteligencia vence a los dioses.


* Babbitt: Principios de luz y color. [1878]


Las formas son pensamientos materializados. Quien domina el pensamiento domina la vida y puede crear una forma; pero pocos son capaces de sostener un pensamiento ni siquiera durante un minuto, porque sus mentes son vacilantes y su voluntad anda dispersa.

Una forma surge a la existencia en el plano físico y se desarrolla porque algo que ya existía en pensamiento se hace visible y material. Este algo es el carácter de la forma, y como cada carácter es una individualidad, su conjunto quedará expresado en todas las partes de la forma. Por ejemplo, un ser humano no tendrá cuerpo de hombre y cabeza de animal; pero su carácter humano se expresará en todas sus partes; y así como el carácter que constituye la humanidad está expresado en todo individuo humano, del mismo modo el carácter de un individuo está expresado en todas las partes de él. [1]

[1. Ver Jacob Boehme, Signatura Rerum, Firma de todas las cosas. (en inglés) En /christian/ ]

En esta verdad se basan la astrología, frenología, quiromancia, fisiognomía, etc., que cuando se comprenden bien resultan necesariamente verdaderas porque la Naturaleza es Unidad. Un animal, una planta, un hombre son una unidad y están expresados en todas las partes de sus respectivas formas. Cabe demostrar científicamente que cada parte de un organismo es un microcosmos en que están representados sus principios componentes. Al examinar parte de una hoja, comprendemos que proviene de una planta; al observar alguna substancia animal, vemos que procede de un animal; y al poner en toque la más mínima parte de un mineral, sabremos que pertenece al reino mineral. De la misma manera podremos descubrir el carácter del hombre por medio del examen de sus manos, rostro, pies o cualquier otra parte del cuerpo, si sabemos examinarlo debidamente.

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Psicometría

Joseph. R. Buchanan

John R. Buchanan (1814-1899) Wikipedia, inglés

En esta ley se basa la psicometría * que nos revela la verídica historia de acontecimientos pasados. El examen psicométrico de una piedra arrancada de una casa nos da exactos informes de sus habitantes anteriores o actuales; y un fósil suministra acabada descripción de acontecimientos antediluvianos y el modo de vivir de los hombres y animales prehistóricos. Por la investigación psicométrica de una carta podemos obtener informes de la persona que la escribió y de la localidad en que fue escrita.**


* Prof. W. Denton: El alma de las cosas. [1871. inglés: "Soul of Things." archive.org ]  J. R. Buchanan: Manual de psicometría, el amanecer de una nueva civilización . [1885. inglés: "Manual of Psychometry." Ref: www.gutenberg.org y Ref (archivo de texto): archive.org ]

** Por medio de una carta que, sin saber cómo, recibí de un Maestro del Tíbet y examinó psicométricamente una labriega alemana, tuve la exacta descripción de un templo tibetano y de ciertas personas con las que posteriormente trabé conocimiento. – H.


Si este arte fuera reconocido y practicado universalmente, podría descubrirse a los criminales por el examen psicométrico de una parte de la pared, del piso o de los muebles del aposento donde se hubiera cometido el crimen. También serviría para evidenciar la inocencia de los injustamente inculpados e impedir la impunidad por falta de pruebas; porque las superiores facultades del investigador psicómetra le permitirán ver la escena del crimen con tanta claridad como si la hubiese presenciado.

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Carácter

Toda forma es expresión externa del carácter que representa, y así tiene ciertos atributos peculiares que la distinguen de otras formas. Al cambio de carácter sigue un cambio lento de forma. El individuo que se degrada moralmente delata con el tiempo su degradación en su aspecto, así como lo sujetos de aspecto y carácter distinto pueden parecerse con el tiempo según vayan armonizándose sus caracteres. Las formas de vida pertenecientes a la misma clase y especie se parecen unas a otras, y los individuos de la misma nacionalidad tienen comunes ciertos rasgos característicos.

Un irlandés no se confunde fácilmente con un español, aunque ambos se vistan del mismo modo; pero si los dos emigran a América, sus hijos o nietos perderán poco a poco los rasgos étnicos de sus antepasados. El cambio de carácter cambia la forma; pero el cambio de forma no cambia necesariamente el carácter. Un hombre puede perder una pierna sin que cambie su carácter; un niño puede hacerse hombre y, sin embargo, quedar con carácter de niño, si no lo ha modificado la educación.

Esto demuestra irrebatiblemente que el carácter es más esencial que la forma exterior. Si el carácter de un individuo dependiese de la forma heredada, los hijos de los mismos padres, educados en las mismas circunstancias, manifestarían las mismas características morales; pero sabido es que los hermanos difieren frecuentemente de carácter con ciertos rasgos que no poseen los padres.

Si, como a menudo sucede, los hijos tienen el mismo talento y capacidad intelectual que el padre, no prueba que los padres del cuerpo físico del niño sean también padres de su germen intelectual; pero se puede aceptar como prueba adicional de la reencarnación, porque la mónada espiritual del niño, al esforzarse en reencarnar, queda atraída naturalmente a los padres cuya constitución mental corresponda mejor a los talentos y aptitudes desarrollados durante una vida anterior.

"Carácter" equivale a "individualidad" y es lo que distingue a un individuo de otro. El verdadero carácter es el ser individual y no la forma corpórea, pues la individualidad persiste aún después de disgregado el cuerpo cuya expresión material fue. Esta individualidad, llamada alma, no es perceptible por la vista física ni durante la vida ni después de la muerte de la forma. Cesa la vida del cuerpo; pero la vida de la individualidad es independiente de la vida de la forma o personalidad.

La individualidad puede pertenecer a una clase colectiva o a entidades separadas. En los reinos inferiores no hay diferenciación de carácter o alma, sino tan sólo de forma. Los seres de estos reinos tienen un alma colectiva; pero en los seres inteligentes corresponde distinta individualidad a cada forma, y todo ser consciente tiene su propia alma individual, en cuanto adquiere carácter individual, y su individualidad queda independiente de la existencia de la personalidad. Las formas perecen; pero la individualidad persiste inalterable después de muerta la forma.

Desde este punto de vista, la "muerte" es vida, porque durante el período de la muerte no cambia lo esencial; la vida es muerte, porque sólo durante la vida de la forma se cambia el carácter, y las viejas inclinaciones mueren y las reemplazan otras. Nuestras pasiones y vicios pueden morir mientras vivimos; si nos sobreviven, nacerán de nuevo.

El carácter del roble existe antes de que germine la bellota; pero el creciente germen atrae de la tierra y del aire los elementos necesarios para producir el roble. El alma del niño existe antes de que su forma física nazca al mundo, y atrae de la atmósfera espiritual los elementos adecuados a sus aspiraciones y tendencias. La semilla crece mejor en el terreno más a propósito para su constitución. Al encarnar toda mónada humana en estado subjetivo, quedará atraída hacia los padres y familias cuyas condiciones proporcionen el terreno mejor adaptable a sus inclinaciones, y cuyos atributos morales y mentales se correspondan más armónicamente con los suyos.

Los padres físicos no pueden ser los progenitores del germen espiritual del niño, porque este germen es producto de una evolución espiritual anterior, por la cual ha pasado en conexión con otras vidas objetivas. En la presente existencia de un ser, se prepara el carácter del que ha de sucederle. Por lo tanto, bien puede decirse que todo hombre es su propio padre; porque es la encarnada consecuencia de la personalidad que formó en su última vida terrestre, y durante la vida actual está formando la personalidad con que aparecerá en su próximo paso por este globo.

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Desarrollo espiritual

El desarrollo de una planta culmina en el de la semilla; el desarrollo del cuerpo animal culmina en la capacidad de reproducir su forma; pero el desarrollo intelectual y espiritual de un hombre puede continuar después de adquirido el poder de reproducción, y quizá no haya alcanzado su punto culminante cuando el cuerpo físico decaiga y muera. La condición del cuerpo físico facilita indudablemente el desarrollo del carácter, como el buen terreno facilita el crecimiento del árbol; pero el mejor terreno no puede convertir el cardo en rosal, y vil o necio puede ser el hijo de un hombre honrado e inteligente.

Al manifestarse en formas la esencia primaria, desciende sucesivamente de su universal condición a estados generales, especiales e individuales. Al ascender de nuevo a lo arrúpico, se invierte la escala, y las unidades individuales se explayan para unirse nuevamente al todo.

La vida en los mundos inferiores se manifiesta en condición indiferenciada. El aire no tiene forma estrictamente definida; una gota de agua en el océano participa de la existencia común a las demás gotas; un pedazo de arcilla es esencialmente lo mismo que cualquier otro. En los reinos vegetal y animal, el universal principio de vida se manifiesta en formas individuales; sin embargo, poca diferencia hay entre vegetales, animales y hombres de una misma especie, individualmente considerados, pues cuando la forma desaparece cesar de existir los atributos que distinguen unas formas individuales de otras.

Socrates

Socrates
Siglo V a.C.

Lo que distingue esencialmente a un individuo de otro es independiente de la forma. Las distinciones entre las formas son perecederas; las de los caracteres son permanentes. Los atributos que elevan eminentemente a quienes los poseen sobre el nivel común, despuntan cuando ya no prevalecen las apariencias. Sócrates era contrahecho, [2] y sin embargo, sobresalió por su poderoso genio. La estatura de Napoleón no correspondía a la alteza de su mente. La espiritualidad se cierne sobre la tumba de la forma, y la influencia de las mentes poderosas suele ser más decisiva al convertirse en polvo los cuerpos en que alentaron. La potencia de los entendimientos vigorosos trasciende la forma física durante la vida. No mueren al desaparecer la forma.

[2. Según el Simposio de Platón, Sócrates no tenía un aspecto excelente, pero no se decía que estuviera deformado. www.biography.com/scholar/socrates ]

Todos los caracteres pueden reencarnar después de abandonar la forma; pero si un individuo no tiene carácter específico peculiar, sólo se infundirá en el nuevo cuerpo el carácter común a la especie o clase a que pertenezca. Si un individuo ha desarrollado carácter propio, que le distinga de sus semejantes, sobrevivirá individualmente a la disolución de su forma, porque la ley que rige en el todo o la clase, rige también en la parte.

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Individualidad

Una gota en una masa de agua se confunde en el conjunto del líquido, y aunque se evapore y de nuevo se condense ya no será la misma gota; mas si una gota de aceite volátil se mezcla con el agua y se evapora la masa en una retorta, al condensarse el vapor quedará la misma gota de aceite en el agua. Un carácter puede perder su individualidad durante la vida y confundirse en el nivel común; pero si se ha distinguido de los otros, su individualidad sobrevivirá a la muerte de la forma.

Para formar un carácter es necesaria una forma individual, y para crear una forma individual se requiere un carácter.

Si queremos producir una forma, hemos de determinar primero su carácter. Un escultor que labrara una piedra sin haber pensado antes en la forma que ha de darle, no lograría resultado notable. La forma es para el carácter una escuela donde aprende las lecciones de la experiencia en la lucha por la vida. Cuanto más empeñada sea la lucha, más pronto se formará el carácter del individuo, pues una vida sin dificultades podría vigorizar la forma, pero debilitaría el carácter, al paso que la lucha penosa debilita la forma y vigoriza el espíritu.

Si deseamos plasmar en arcilla una nueva forma, hemos de determinar antes su carácter, porque como la arcilla es pasiva, lo mismo podremos modelar en ella una forma hermosa que otra fea. De la propia suerte, si deseamos mejorar nuestro carácter durante la vida, debemos ante todo establecer un levantado propósito, un ideal de vida, y realizarlo en nuestro verdadero ser. Una vez fijada esta determinación, hemos de apartar de nosotros cuanto se oponga a la realización del ideal, pues bastará que protejamos la actuación de nuestro ser para que cumpla su obra sin nuestra activa cooperación.

No necesitamos perseguir ni prender ni inventar ni elaborar nuestro ideal, sino dejar que el ya existente se realice en nosotros. No podemos determinar el crecimiento de un vegetal, sino tan sólo disponer las condiciones en que ha de crecer. Así tampoco podemos desenvolver un ideal, sino que por sí mismo irá desenvolviéndose con tal que le suministremos terreno adecuado; y este terreno es nuestra conducta.

Si nuestra alma ha de dilatar su conciencia más allá de los estrechos límites de este mundo y descubrir la gloria de la existencia universal, hemos de realizar en nosotros una elevada y universal idea. De nada vale pensar y hablar de un ideal si no lo alimentamos con nuestra conducta. La sabiduría, el poder, el amor, la verdad y la justicia no son ni pueden ser objetos de especulación ni de investigación científica, sino que deben animar nuestra conducta y nutrirnos por la conformidad de nuestra vida con estos capitales principios, pues de lo contrario no podremos sobreponernos a las limitaciones de la forma que motivan la ilusión de la separada personalidad.

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Egoísmo

De la ilusión de separatividad, derivada del predominio de la forma, surge la ilusión de la personalidad, y de ésta dimanan otras muchas ilusiones, porque el sentimiento del yo despierta el egoísmo, la apetencia de vida material, la codicia, envidia, celos, avaricia, temor, duda, tristeza, sufrimiento y muerte, con toda la cohorte de penas que amargan la vida y no consienten dicha duradera. Para el infeliz que no sabe hallar la dicha en sí mismo, el más seguro y fácil camino de encontrarla es el olvido de la personalidad.

El que vive con el corazón continuamente aislado, sólo cuida de sí mismo y pasa la vida suspirando por lo que no posee, y pierde con ello su energía espiritual, convirtiendo su existencia en vaporoso sueño.

De la propia suerte que el aislamiento extenúa en el plano físico, así también se extenúa el alma no nutrida con el espíritu de universal amor. Los organismos inferiores, los minerales por ejemplo, soportan el aislamiento. El pino silvestre medra en parajes desnudos de toda otra vegetación. Un idiota puede vivir aislado en una cueva sin experimentar angustia, porque carece de aspiraciones espirituales necesitadas de nutrición; pero quien anhele vida y energía espirituales ha de nutrirse del espíritu de universal amor.

También el aislamiento extenúa en el plano astral. Un deseo encerrado en lo íntimo del corazón se alimenta a expensas de la vida de quien lo alberga. La cólera reconcentrada busca un objeto sobre qué descargar. Las pasiones no quedan nunca satisfechas y tanto más exigen cuanto más se les conceden. Las fuerzas del plano astral son conscientes, aunque no inteligentes, y se resisten a morir, pues claman siempre por vida y siguen las corrientes de las atracciones vitales. Así los elementos astrales de un borracho quedarán atraídos por otros borrachos; los del lascivo buscarán en los burdeles el goce sensual por medio de cuerpo ajeno; los de un avaro planearán sobre su escondido tesoro, hasta que se agote la fuerza de su pasión. Hay diversidad de espectros, fantasmas, vampiros, íncubos, súcubos y elementarios sedientos de vida.

Un deseo aislado no muere, sino que se transmuta en pasión; y las pasiones se intensifican a expensas de su víctima cuando se las refrena, porque no es posible aniquilar la energía acumulada, y se han de transferir a otras formas o transmutarlas en otras modalidades de actuación, pues no pueden permanecer inactivas.

Es inútil resistir una pasión que no podemos dominar. Si su acumulada energía no fluye por otros conductos, crecerá hasta prevalecer contra la voluntad y la razón. Para dominarla es preciso darle más elevadas aplicaciones. Así, el amor a lo inferior puede transmutarse en amor a lo superior y el vicio en virtud con sólo mudar el punto de aplicación. La pasión es ciega y como va por donde se la conduce necesita la razón por guía. El amor a la forma se desvanece a la muerte de la forma; el amor a la individualidad persiste aunque desaparezca la personalidad.

Dijeron los antiguos que la Naturaleza tiene horror al vacío. No podemos aniquilar una pasión, pues si la reprimimos cambiará de aspecto; y así hemos de substituir lo inferior por lo superior, el vicio por la virtud y la superstición por el conocimiento.

Hay quien vive completamente aislado en el plano mental. Son los que se absorben en trabajos intelectuales, sin tiempo ni inclinación para atender a las necesidades de la individualidad. Vigorizan el cerebro y atrofian el corazón. Viven entre sueños e ilusiones científicas, en el humo de las especulaciones surgidas de sus vaporosos cerebros. Son como avaros que acumulan en la mente teorías, dogmas, hipótesis, suposiciones, inferencias, sofismas que diputan por imperecederos tesoros, sin dejar sitio al desenvolvimiento espiritual dimanante de la conciencia de su verdadero ser.

Pues la mayor parte son materialistas, escépticos, racionalistas y eruditos que robustecen su cerebro a expensas del corazón. Discuten o niegan la inmortalidad en vez de esforzarse en lograrla, y no reparan en el crimen con tal de satisfacer su curiosidad científica. Sus restos astrales seguirán existiendo algún tiempo después de la muerte del cuerpo físico, hasta que se extinga su fuerza vital; pero como en la vida terrena no tuvieron aspiraciones espirituales, en cuanto se desvanezcan sus científicos tesoros quedarán en estado de idiotismo espiritual.

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No hay aislamiento en Dios

No puede haber aislamiento en el plano espiritual ni se concibe la soledad en Dios; porque si Dios existe por Sí mismo y a Sí mismo se basta en omnipotencia y sabiduría, Su vida y conocimiento han de contener necesariamente el todo con todas sus criaturas. Bien puede vivir satisfecho en una tumba quien ha logrado el conocimiento de su divino Yo; porque ¿qué otra compañía ha de apetecer quien goza de la presencia de Dios? ¿Qué consuelo necesita quien reposa en la divina paz? ¿Qué se le puede ofrecer a quien posee a Dios?

La vida es imperecedera; tan sólo perecen las formas cuando la vida cesa de manifestarse en ella.

La vida está universalmente presente en la Naturaleza y la contiene toda partícula de materia. Sólo cuando desaparece enteramente de ella la vida, muere la forma. Parece que en una piedra no hay vida; y no obstante, sin vida no habría cohesión de átomos. Si de un mineral elimináramos la vida, se disgregaría su forma.

Una semilla sacada de la tumba de una momia egipcia germinó después de sembrada, por haber conservado el principio vital durante su sueño secular. Si de la misma manera se pudiera detener la actividad de la vida animal, un hombre o un animal podrían prolongar indefinidamente su existencia. Las piedras pueden vivir desde el principio al fin de un manvántara y algunas formas alcanzan una edad muy avanzada; pero una vez dado el impulso vital, es muy difícil, si no imposible, detenerlo sin destruir la forma.*


* Si la vida del hombre pudiera suspenderse por medio de la detención de las actividades fisiológicas, no sería difícil conservar durante siglos a los políticos y estadistas para despertarlos únicamente cuando fuera necesario su consejo. [En cuyo caso, tal vez pedirían una botella de whisky, un cigarrillo y luego pedirían que les disparen. - editor]


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Amor, voluntad y vida

La vida puede transferirse de una forma a otra por la potencia del amor; porque el amor, la voluntad y la vida son esencialmente aspectos del mismo poder, como el calor y la luz son modalidades del movimiento. El odio mata y el amor reaviva. El amor espiritual es más poderoso vitalizador que las drogas medicinales. Quien verdaderamente ama, sacrifica su vida por salvar la del ser amado. El poder del amor devuelve la salud a los enfermos.

De la fuente de este universal amor dimana también la vida de todas las cosas. Es la divina conciencia por cuya virtud se reconoce Dios en todas las cosas. Es la divina sabiduría, la Luz * por doquiera presente y manifestada en todas las formas capaces de corresponder a sus vívidas vibraciones. No la descubren la vivisección ni el análisis químico ni tampoco la ciencia moderna sabe nada de ella. Sin embargo, es un elemento por el cual y en el cual vivimos y tenemos nuestro ser, de modo que si nos privaran de él por un solo instante, quedaríamos aniquilados en el acto.


** "En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres." – San Juan I-4.

"He is the light in all luminous things. He is the Knower, the Knowledge, and the object of Knowledge." – Bhagavad Gita xiii. 17.


Cerrar los ojos a la universal presencia de esta Luz equivale a negar la evidente realidad de que las plantas, animales y hombres viven y crecen y que toda forma se esfuerza por alcanzar mayor grado con arreglo a la ley de evolución. Sin cesar prosigue la construcción del Templo de Salomón. Los elementos de la naturaleza y los arquitectos del universo trabajan invisiblemente, sin que se oiga el martilleo.

La Vida habita en una forma, y cuando ésta envejece, reúne aquella los elementos para edificarse otra nueva. Una roca expuesta a las erosiones del aire y del agua se disgrega en su superficie; pero los elementos se reúnen de nuevo y aparecen en nueva forma. Plantas y musgos minúsculos crecen en su superficie, viven, mueren y renacen, hasta que acumulándose el mantillo, brotan formas superiores. Pueden transcurrir siglos antes de que se complete esta labor; pero al fin aparecerá la hierba, y la vida adormecida en la roca se manifestará en formas capaces de ascender al reino animal.

Un gusano puede nutrirse de una planta cuya vida llega a ser activa y consciente en el gusano. Un pájaro puede comerse el gusano cuya vida, encadenada hasta entonces a una forma que se arrastraba en la obscuridad y el fango, participa de los goces de un habitante del aire. En cada peldaño de la escala del progreso, la vida adquiere nuevos medios de manifestar su actividad, y la muerte de su primera forma le facilita entrar en otra superior.

Pero llega una etapa de evolución en que la actividad de la vida es tan intensa y su esfera de acción tan dilatada, que ya no halla expresión adecuada de sus atributos en ningún organismo físico ni en forma alguna de las que podemos concebir. Entonces el marco mortal es demasiado insignificante para el genio inmortal, y la libre águila se cierne sobre la forma.

Las formas no son más que símbolos de vida, y cuánto más elevada sea la expresión de vida, tanto más elevada será la forma. Una bellota es muy insignificante comparada con el roble; pero tiene su carácter, y por la acción mágica de la vida puede convertirse en roble. El germen de su vida individual está encarnado en la bellota y forma el punto de atracción del universal principio de vida. Ya está formado su carácter, y al crecer sólo puede convertirse en roble.

Sepultada en tierra, crece y pasa del estado inferior al superior por medio de la influencia suprema, porque el principio de vida está en él; pero por grande que sea su actitud de crecer, no germina sin la influencia de la fuente universal de vida, alcanzada por el sol, que no podría desarrollarla si el germen no contuviera el principio vital.

Los rayos del sol llegan a la tierra desde las etéreas regiones. Su luz no puede penetrar en el macizo suelo que protege a la tierna semilla vegetal de los ardientes rayos cuya actividad destruiría su inherente vitalidad. Pero al recibir la semilla el calor que irradia de la tierra, manifiesta una especial modalidad de vida. Germina la semilla y el brote lucha en dirección al origen de la influencia que le da vida esforzándose en salir a la luz.

Las raíces no desean luz, pues sólo buscan el alimento que encuentran en los obscuros senos de la materia. Penetran hondamente en la tierra, y aún pueden absorber la actividad de las partes superiores de la planta; pero si estas partes pertenecen a especies cuyo carácter es crecer hacia la luz, sus más nobles porciones entrarán en su esfera y al fin producirán flores y frutos.

El alma del hombre, sepultada en la materia, recibe la vitalizadora influencia del supremo sol espiritual, y al mismo tiempo se ve atraída por la materia. Si toda la atención del hombre se convierte a las exigencias del cuerpo y todos sus deseos y aspiraciones a la satisfacción de su naturaleza inferior, quedará ligado a la tierra, incapaz de conocer la existencia de la Luz; mas si busca la Luz y abre su alma al flujo divino, entrará en su esfera y llegará a tener conciencia de su existencia.

El verdadero Elixir de Vida sólo se halla en la eterna fuente de vida. Surge del séptimo principio, se manifiesta como potencia espiritual en el sexto y derrama su luz en el quinto para iluminar la mente. En el quinto se manifiesta como potencia mental del hombre e irradia hacia abajo sobre el cuarto, en el que suscita los deseos por la incitación de los instintos de la tríada inferior, a fin de que las formas puedan extraer del gran almacén de la Naturaleza los elementos necesarios. Eternamente llama a los hombres a la existencia con la voz de la verdad, cuyo eco es la intuición que clama en el desierto de nuestros corazones, bautizando a las almas con el agua de la verdad y señalándoles el verdadero camino de su inmortalidad.

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