Magia Blanca y Negra Franz Hartmann MD

La ciencia de la vida finita e infinita

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(1886)

Franz Hartmann, MD

Capitulo IX - Transformaciones

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a triangle with a circle inscribing it, surrounded by 3 interlocking circles 
                                        that intersect in the center

"Sed transformados por la renovación de vuestra mente." – San Pablo, Romanos xii, 2

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Mente universal

EI Universo es manifestación de la sabiduría divina y el pensamiento es un acto de la mente. Así es que la mente cuyo pensamiento puso en existencia un universo, ha de ser una Mente universal que abarque todas las mentes individuales y contenga los gérmenes de cuanto ha de existir en lo futuro.

Las ideas son estados mentales y los pensamientos de la Mente universal, almacenados en la luz astral, se incorporan en formas visibles de materia después de disueltas sus formas representativas.

El hombre recuerda sus pensamientos; es decir, que se restituye a uno de sus anteriores estados mentales. Recordar una cosa es leerla en la mente. La luz astral es el libro de memorias en que todos los pensamientos quedan anotados y archivados todos los sucesos. Cuanto más intenso sea el pensamiento tanto más honda será su huella y más tiempo permanecerá allí escrito.

El pensamiento es una fuerza cuyos efectos perduran en la luz astral mucho después de muerta la persona que los engendró; y como las imágenes de las cosas permanecen durante siglos en la luz astral, puede verlas el clarividente. Estas imágenes son mentales y como el pensamiento es algo substancial logra el ocultista reproducir libros y escritos de hace miles de años.

El hombre no crea el pensamiento. Las ideas existentes en la luz astral flotan en su mente donde les da distinta forma y consciente o inconscientemente las combina con otras ideas con arreglo a las leyes que presiden sus correlaciones y asociaciones. Una mente poderosa es capaz de asir grandes ideas; una mente débil no va mas allá de mezquinos conceptos. Son los pensamientos cosas reales que a veces prenden al mismo tiempo en varias mentes receptivas y algunos descubrimientos se efectuaron simultáneamente por varios pensadores.*


* Tres son los que se atribuyen el descubrimiento del cloroformo; dos el del planeta Urano; dos el invento del teléfono, etc.


Las ideas contenidas en la imaginación de la naturaleza arrojan su reflejo sobre las mentes de los hombres, quienes según la potencia receptiva de su mente las transporta a su conciencia claras o tergiversadas, evidentes o ensombrecidas, como imágenes de cuadros reflejadas en espejos vivientes cuya superficie estuviese limpia o sucia de polvo. En estos espejos vivientes se transforman o remodelan las imágenes en nuevos cuadros que pueblan las corrientes de luz astral con nuevas imágenes engendradoras de nuevas formas de pensamiento. Por lo tanto, el hombre vigorosamente espiritual que viva en soledad y silencio puede realizar una gran obra con sólo emitir pensamientos que permanezcan impresos en la luz astral y se los asimilen las mentes receptivas.

Los pensamientos humanos se imprimen en la luz astral y todo suceso acaecido en el plano físico se archiva en la memoria de la naturaleza. Todo mineral, vegetal, animal y hombre tiene su esfera en que se archivan todos los sucesos de su existencia. Todos tienen su mundo peculiar formado por pensamientos, y doquiera se mueven, piensan, porque su movimiento es movimiento mental.

En la luz astral de cada ser se almacenan los sucesos de su pasada historia y de la de su ambiente, de suerte que todas las cosas, por insignificantes que sean, pueden relatar su vida cotidiana, desde el principio de su existencia como forma, hasta hoy, al capaz de comprender el relato. Un pedazo de lava de Pompeya data al psicómetra una verídica descripción de la catástrofe volcánica que devastó la ciudad y la sepultó entre cenizas, donde ha permanecido oculta cerca de dos mil años. Un tronco de árbol flotante en la corriente del Golfo que se dirige al Norte, puede proporcionar a los habitantes de esta glacial región verdadera idea de la vida tropical. Un hueso de mastodonte revela la vida vegetal y animal de los períodos antediluvianos.*


* Prof. Wm. Dentón: El Alma de las Cosas. [Archive.Org, inglés]


Las ideas impresas en la luz astral reaccionan sobre las esferas de la mente individuales y pueden suscitar en ellas perturbaciones emotivas, aún cuando no penetren en la conciencia mental. Los actos realizados con intensa concentración de pensamiento evocan en la luz astral entidades vivientes que pueden sugerir a los receptivos la perpetuación de otros actos semejantes.**


** Se refiere al caso de un preso que se ahorcó en su celda y siguieron su mal ejemplo cuantos presos la fueron sucesivamente ocupando, sin que hubiese causa justificada para tan extrema determinación. En otro caso, un centinela se suicidó en su puesto y lo mismo hicieron varios soldados de los apostados después en el mismo sitio, de modo que fue preciso abandonar el puesto. Podríamos citar otros casos análogos. Los asesinatos menudean como una epidemia de sarampión o escarlatina en las poblaciones donde ha sido ejecutado un criminal.


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Pena capital

El hombre no advierte las influencias que le mueven a pensar y actuar, hasta que conoce su verdadera naturaleza. Por consiguiente, su responsabilidad está en proporción de su conocimiento y capacidad para gobernar su naturaleza. La sabiduría y la fuerza sólo pueden adquirirse en vida por experiencia y por el vencimiento de las tentaciones.

Si se comprendiese debidamente la verdadera naturaleza de la constitución humana, luego se aboliría la pena de muerte por inútil, injusta y contraria a la ley natural. El perpetrador de un crimen es una entidad consciente, invisible e invulnerable, cuyo carácter no mejora porque se le separe de su forma exterior. El cuerpo es inocente y no pasa de instrumento en manos del reo invisible, el hombre astral. El rostro de un criminal revela paz después de separada el alma.

Al romper los lazos que unen a esta viciosa entidad con la forma física, no alteramos su propensión al mal; sino que mientras duró la vida del cuerpo, la acción de esta entidad se contrajo a una sola forma, y dejándolo en libertad puede incitar a los de mente débil a cometer el rnismo crimen por el que le mataron el cuerpo. Así es que la pena de muerte en vez de servir para evitar el mal acrecienta su esfera de acción.

Respecto a la teoría de la ejemplaridad de la última pena, está probado que los reos nunca creen merecer el castigo, sino que lo consideran como consecuencia de su torpeza en no eludir la acción de la justicia, y por lo general piensan que si lograran escapar tendrían mayor cuidado de que no les volvieran a prender.

La vida es una escuela en que todos hemos de adquirir experiencia, energía de carácter y conocimiento, por lo que resulta muy criminal privar conscientemente a un hombre de esta ventaja. El insensato que mata a un hombre tiene poca responsabilidad, porque no conoce la índole de su acción; pero el legislador que legalmente instituye el asesinato es el verdadero criminal.

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Propiedades ocultas

Un rizo de cabello, una prenda de ropa, el autógrafo o cualquier cosa que haya tocado, manejado o llevado una persona, pueden indicar a las mentes intuitivas las condiciones de salud y sus cualidades físicas, emotivas, intelectuales y morales. El retrato del asesino puede quedar impreso en la retina de su víctima, y reproducirse, en algunos casos, por la fotografía; pero como está realmente estampado en los alrededores del lugar donde cometió el crimen, puede descubrirlo el psicómetra relacionado con el criminal, y aún seguir sus huellas si escapó del lugar del suceso como el sabueso sigue el rastro de un esclavo fugitivo.*


* Emma Hardinge Britten: Tierra de espectros. [Archive.Org, inglés, "Ghost Land"] El caso que se cita en esta obra, de que el clarividente sigue el paso de un asesino por varias ciudades hasta prenderlo, se cita también en varias publicaciones alemanas del pasado siglo.


La propiedad que la luz astral tiene de embeberse en los cuerpos materiales da poder a los amuletos y confiere propiedades ocultas a los recuerdos y reliquias. Una sortija, una trenza de pelo o una carta de un amigo, no sólo pueden reproducir su figura en la memoria de quien los conserve, sino que los relaciona con el particular estado mental que aquél amigo representa. Para olvidar a una persona o librarse de su atracción magnética, es preciso destruir cuanto nos la recuerde o por lo menos lo que evoque memorias desagradables. Los objetos pertenecientes a una persona pueden ponernos en simpatía con ella y de esta circunstancia se aprovechan a veces los magos negros.

Paracelso

Paracelso (1493-1541)

Paracelso cita varios ejemplos acerca del particular en su obra sobre la Mumia y la transferencia de enfermedades. Es común creencia entre gentes de diversos países, que aún las enfermedades no contagiosas se pueden transferir a una persona sana por medio de una prenda perteneciente al enfermo. Sin embargo, el éxito depende de la fe del mago, pues sin fe o conocimiento psíquico nada es posible realizar en ningún orden de la vida.

Como quiera que toda forma representa cierto estado mental, todo objeto ha de tener los atributos correspondientes a dicho estado; y por lo tanto, cada substancia tiene sus simpatías y antipatías. El imán atrae al hierro, y el hierro atrae al oxígeno del aire; los cuerpos higroscópicos atraen el agua; unas substancias cambian de color por la influencia de ciertos rayos crómicos y otras se mantienen inalterables, etc. Estos fenómenos son diversas manifestaciones de la Vida una en que actúa el principio de Amor y tiende a unir cuanto armoniza.

Todo objeto material es una fuerza condensada y así no es extraño que los antiguos atribuyeran ciertas virtudes a determinadas piedras preciosas, y creyeran que el granate engendraba alegría, la calcedonia valor, el topacio castidad, la amatista raciocinio y el zafiro la intuición.

Una fuerza espiritual, para ser efectiva, necesita un objeto sensitivo en que actuar; pero en las épocas de agudo materialismo cesa de percibirse la influencia espiritual, y si alguien no puede sentir las influencias ocultas, no por ello dejan de existir ni de haber otros capaces de sentirlas por su mayor capacidad receptiva.

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La química

Solo el necio presume saberlo todo. Lo que en realidad conocemos es un grano de arena en comparación de lo que aún está por conocer.

Los médicos saben que ciertas plantas y substancias químicas tienen tales o cuales propiedades y explican sus efectos fisiológicos. Saben que la digital disminuye la rapidez del pulso porque normaliza los movimientos dcl corazón; que la belladona dilata la pupila porque paraliza las fibras musculares del iris; que el opio produce sueño porque debilita el cerebro, mientras que en dosis mayores produce letargo por congestión; pero ni la fisiología ni la química son capaces de decirnos por qué producen esos efectos o por qué el nitrógeno, oxígeno, carbono e hidrógeno, combinados en ciertas proporciones, dan un compuesto venenoso y los mismos elementos en diferente proporción dan otro compuesto saludable y alimenticio.

Sin embargo, si consideramos las formas como símbolos de estados mentales, tan fácil será comprender por qué la estricnina es venenosa, como por qué mata el odio o paraliza el terror al corazón.

No es posible mudar una idea sencilla si está arraigada con firmeza en la mente; pero si la idea es compleja no resulta tan difícil modificarla en sus elementos, de modo que poco a poco se forme una combinación enteramente distinta. Tal es la ley que rige las combinaciones químicas, en que pueden mudarse los elementos constitutivos de un compuesto, sin que sea posible transmutar los elementos en sí mismo.

Sin embargo, hay indicios de que estos cuerpos simples son a su vez combinaciones de elementos primarios. Se ha observado que el rayo ennegrece los objetos dorados, y al analizar la parte ennegrecida se descubrió la presencia del azufre, por lo que si este cuerpo no existe en el rayo, debe subsistir en el oro y disociarlo la acción del rayo. De esto cabe inferir que el oro contiene azufre y no solamente el oro, sino otros metales,* lo que da algún fundamento a las especulaciones alquímicas.


* David Low, F.R.S.E: Elementos químicos ("Simple Bodies in Chemistry")


Pero como el azufre está, según parece, muy en parentesco con el nitrógeno y éste con el hidrógeno y carbono, si continuamos por el camino de las analogías, veremos que aún en el plano físico, todos los cuerpos son modificaciones alotrópicas de un elemento primordial, de naturaleza demasiado sutil para percibirla por medios físicos, y en el que deben estar contenidos los gérmenes de los principios secundarios.

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Voluntad e imaginación

La voluntad y la imaginación reciben, transforman y desenvuelven las ideas. Al entrar una idea en la mente, la imaginación la reviste de forma, con auxilio o no de la voluntad. Si en la obscuridad tropezamos en el camino con una cuerda, creeremos que hemos tropezado con una culebra. Esto se llama imaginación pasiva, mientras que la imaginación activa da forma a las ideas. Sin embargo, en ambos casos la voluntad está activa, con la diferencia de que en el primer caso actúa instintivamente y en el segundo con intento deliberado.

Por lo tanto, la voluntad es el poder activo y la base de toda obra artística y mágica. El arte y la magia están muy relacionados, pues ambos dan forma objetiva a las ideas subjetivas. El artista ejerce este poder cuando plasma en el lienzo o en el mármol la idea forjada en su mente. Entonces se vale de la fuerza mecánica para eliminar de su ideal todo elemento extraño, y lo levanta de la tumba, como materialización del pensamiento.

En la regeneración del hombre la voluntad es del todo inactiva en cuanto atañe a la creación del ideal; pero es sumamente activa para evitar cuantas influencias amenazasen impedir el logro del ideal. Dios no necesita la cooperación del hombre, pues le basta Su voluntad; pero exige que la voluntad del hombre no entorpezca el cumplimiento de Su obra. El mago forja una imagen en su mente y la proyecta en las esferas mentales de quienes han de percibirla. Al identificar su esfera mental con las de otros, participan éstos de su imaginación y ven como si fuese real cuanto él piensa o imagina.

Esta ley explica muchos fenómenos de los fakires indos que simulan la aparición de tigres y elefantes ante multitud de gentes, con sólo forjar las imágenes de estos animales en la colectiva esfera mental. Los espectadores ven entonces los pensamientos que el hechicero plasma por su voluntad.*


* Por medio de la fotografía se ha demostrado que no tiene realidad objetiva lo que en estos casos creen ver los espectadores.


El artista se vale del trabajo mecánico para ejecutar su obra, y el mago emplea la voluntad; pero por mucho que trabaje jamás producirá obras verdaderamente artísticas quien no sea artista, y por mucho que concentre el pensamiento no logrará obrar un fenómeno verdaderamente mágico quien carezca de poder espiritual.

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La alquimia

La voluntad a que nos referimos es una espiritual y consciente potencia que desconoce la moderna psicología. Un eminente anatómico puede ignorar cuanto se refiere a los vivientes principios espirituales, y un insigne químico, sin saber ni un ápice de alquimia, podrá dominar las fuerzas del mundo físico e ignorar por completo la química del alma.

Por esta razón los misterios de la alquimia no se le descubrirán jamás al científico falto del poder espiritual equivalente a la voluntad espiritual. Sin este poder podrá combinar, descomponer y recombinar los cuerpos compuestos, pero no acertará a emplear el principio de vida.

La naturaleza procede alquímicamente, porque sin el principio vital que actúa en las substancias químicas de la tierra no medrarían las criaturas. Si las fuerzas de atracción y repulsión se equilibraran, no habría movimiento. Si la prosperidad y el decaimiento fueran par a par, no podría crecer nada, porque tan pronto como naciera una célula moriría.

El químico puede disociar los elementos constitutivos de la tierra, agua y aire y combinarlos de nuevo, para acabar por donde empezó; pero la alquimia de la naturaleza infunde el fuego de vida en el agua, tierra y aire, y forma árboles que producen flores y frutos.

La naturaleza no proporcionaría a sus hijos el principio vital, si no lo poseyera. El químico que no domina el principio vital, no puede obrar las maravillas de la alquimia. Hoy escasean los alquimistas porque pocos hombres están dotados de la vida del espíritu.

Tres aspectos tiene la alquimia: el que trata de la substancia física de los cuerpos; el que estudia más especialmente sus almas; y el que se retiene a sus centros espirituales. En sus procedimientos físicos requiere medios físicos y de ellos derivó la química moderna. Con las fortalecidas potencias de su alma actúa el alquimista sobre las almas de las substancias materiales, y si es capaz de mudar sus cualidades, mudará también el carácter de la forma física.

Si en su interior arde vivo el "fuego" espiritual, alcanzará los poderes espirituales necesarios para actuar sobre los elementos inferiores. La tibieza no cumple obras magnas, sino que es preciso avivar el fervor interno hasta que el alquimista sea la salamandra capaz de vivir en una lumbre donde no caben impurezas.*


* Dice a este propósito H. P. Blavatsky:

H.P Blavatsky

H.P Blavatsky
(1831-1891)

En este mundo de efectos todo consta de tres principios y tiene cuatro aspectos. Todo posee una externa forma obietiva, un alma vital y una chispa divina del fuego espiritual. Por medio de estos principios obra la naturaleza y a fin de imitarla debe desarrollar el hombre la voluntad creadora (kriyasakri). Este poder espiritual se llama también la Palabra, que según se ha escrito, no hay necesidad de buscarla en apartados lugares porque está cerca de nosotros, en nuestra boca y en nuestro corazón.


Juan Tritheim dice: [1462-1516 Wikipedia, español]

"El Alma del Mundo es como un aliento que aparece primero neblina y después se condensa análogamente al agua en akása, que en el principio vivificó el principio vital, y la luz se despertó en ella por el fiat del espíritu eterno. Este espíritu de luz, el alma del mundo o la luz astral es una substancia espiritual que el arte puede hacer visible y tangible, y aunque es substancia, por ser invisible la llamamos espíritu. Esta alma o corpus está oculta en el centro de todo y puede ser extraída por medio del fuego espiritual del hombre, idéntico al fuego universal espiritual, que constituye la esencia de la naturaleza y contiene las imágenes y figuras de la Mente universal.

Juan Tritheim

Juan Tritheim (1462-1516)

"Esta Luz reside en el Agua y está oculta como una semilla en todas las cosas. Toda cosa derivada del espíritu de luz está sostenida por El que por esto es omnipresente. La Naturaleza quedaría aniquilada si por un momento se le aislara. Es el principio de todas las cosas".*



** J. Tritheim: "Miraculosa," Chap. xiv.


En la Edad Media hubo verdaderos alquimistas que extrajeron esta semilla de la esencia-alma del mundo, y aún hoy tienen también algunos el poder de realizar este procedimiento; pero quienes carezcan de semejante poder, no estarán dispuestos a admitir la posibilidad de tales hechos. "Es una verdad eterna que sin nuestro secreto fuego mágico nada se logra en nuestro arte, que los ignorantes niegan, porque no poseen dicho fuego, sin el que no se puede dominar a los espíritus y mucho menos afectarles con fuego material".*


* "Yo soy la luz y la verdad;" pero el que dijo estas palabras y las dice todavía, no puede ser siervo de quienes no son esta luz, ni cabe que un Cristiano Científico se convierta en Cristo por creerlo ser. El verdadero conocimiento solo se adquiere por experiencia. Nadie llega a ser Cristo a menos que Cristo se revele en él.


Algunos de los más ilustres químicos modernos niegan la posibilidad de transmutar unos metales en otros; pero el más grave cargo que hoy se hace contra los antiguos alquimistas es que se afanaban por obtener artificialmente el oro. Este cargo no tiene otro fundamento que la tergiversación de la fraseología alquímica, pues la sola circunstancia de que las influencias planetarias eran importantísimo elemento de éxito en las manipulaciones alquímicas, basta para demostrar que los alquimistas experimentaban con el alma de las cosas, cuya representación en el mundo físico eran las formas materiales. El oro, como metal más puro e incorruptible, simbolizaba el espíritu; la magnesia, la sabiduría; la magnesia calcinada, la sabiduría obtenida por el sufrimiento; el azufre, el mercurio y la sal, la trinidad de todas las cosas, los elementos ígneos, acuáticos y terrestres, sin que tuviesen nada que ver con las substancias materiales. Para los alquimistas, el azufre, el mercurio y la sal eran la trina manifestación de una sola esencia.**


** Vamos a divulgar aquí un secreto alquímico, cuya verdad resultara axiomática. Ya hemos dicho que cada átomo del cuerpo humano contiene todos los principios constituyentes del organismo con todos sus órganos y funciones; y de la propia suerte, cada átomo de materia contiene un principio capaz de desenvolverse en todo un universo material con sus múltiples substancias. Un principio no puede mudarse o transformarse en otro. Los principios son eternos. Sólo puede variar su modalidad de manifestación, es decir, que al parecer la substancia esencial de las cosas en la modalidad de hierro o plomo, puede en ciertas condiciones, por alteración del divino propósito de su existencia, transmutarse en plata u oro. El alquimista no crea substancia alguna, sino que tan solo guía a la naturaleza y estimula el desarrollo de las semillas de los minerales, como el jardinero auxilia a la naturaleza en el desenvolvimiento y medro de las plantas.

Así dice el alquimista: "Nosotros no podemos hacer oro de lo que no sea oro. Para hacer oro material necesitamos oro espiritual, y lo único posible para nosotros es plasmar en forma material y visible el oro espiritual ya existente". Este procedimiento lo enseña la alquimia: pero esta ciencia es necesariamente incomprensible para quien no ha logrado todavía el conocimiento espiritual con que ejercer la voluntad espiritual incompatible con la voluntad esclava de materiales y egoístas deseos. Como el jardinero planta la semilla y le proporciona el agua y calor necesarios, así también el alquimista "riega" las semillas de los metales con espirituales influencias dimanantes de su alma divina. Si se apreciaran en su intrínseco valor estas verdades, substraeríamos la alquimia del reino de la superstición y la colocaríamos dentro de los límites de una espiritual ciencia exacta.

Respecto a si hubo quien logró producir oro de esta suerte, diremos que hay una obra intitulada: Colección de relatos históricos de sucesos muy extraordinarios en la villa de Adeptos todavía vivientes, impresa el año 1780, y entre muchas anécdotas interesantísimas, respecto a ensayos afortunados de producir oro, lleva copias de los documentos legales y de las decisiones del tribunal de Leipzig tocante al caso en que, durante la ausencia del conde de Erbach el año de 1715, un adepto visitó a la condesa en el castillo de Tankerstein, y agradecido a un señalado favor que ésta le había otorgado, transformó en oro toda la plata del ajuar. Al regresar el conde, cuyos bienes estaban separados de los de su esposa, reclamó el oro, aduciendo al efecto la ley según la cual, los tesoros que se descubriesen encima o debajo de la superficie de un terreno pertenecían al dueño del terreno; pero el tribunal decidió que como la plata que se había transmutado en oro pertenecía legalmente a la condesa, no podía considerarse como tesoro escondido. El conde perdió el pleito y su esposa se quedó con el oro.

Tenemos motivos para creer en la autenticidad de estos documentos, y si los miramos desde el punto de vista del ocultismo, no parece imposible producir el oro por transmutación. Además, mi experiencia personal me confirma en esta opinión, porque hace cosa de diez años conocí a un sujeto llamado Prestel que vivía a poca distancia de la ciudad donde escribo esta obra y gozaba fama de rosacruz y alquimista y se le tenía por excéntrico y misterioso. Según pueden atestiguar dos discípulos suyos todavía vivientes y a quienes también conozco, poseía Prestel en sumo grado la facultad de proyectar en la mente de los demás las imágenes que en la suya formaba, de modo que creían ver cosas sin existencia objetiva. Ejemplo de ello es el caso en que fue acometido por un salteador de caminos a quien le sugirió una visión tan exacta del cadalso y el verdugo, que escapó aterrorizado. El caso se supo por el mismo salteador, pues Prestel nada dijo.

Sin embargo, no era Prestel un perfecto alquimista ni podía hacer oro ni el elixir de vida, porque no logró encontrar una mujer lo suficientemente pura y al mismo tiempo voluntariosa que le auxiliase en sus tareas, pues como saben bien todos los alquimistas, el proceso alquímico requiere la cooperación de los elementos masculino y femenino. Pero si Prestel no podía hacer oro puro, era capaz de alterar la naturaleza de los metales hasta darles ciertas propiedades químicas diferentes de las substancias de la misma clase. Podía, por decirlo así, ennoblecer los metales, de modo que el hierro o el bronce no se oxidasen bajo la acción del agua o del aire. Obra en mi poder una cruz rosa de bronce, que no obstante contar más de veinte años de fecha y de haber estado expuesta a la intemperie en climas crudos donde los demás metales bajos se enmohecían, está todavía tan brillante como nueva, sin necesidad de limpiarla ni bruñirla.

También tenía Prestel la facultad de convertir en incombustibles las materias combustibles, y llevaba a cabo muchos de los procedimientos alquímicos que se describen en las obras de Tritheim, abad de Spandau. Aseguraba que hubiese podido prolongar su vida hasta mil años, con tal de encontrar una mujer a propósito para asistirle en su labor alquímica.


La obra alquímica más importante es la regeneración del hombre; que requiere no sólo la combinación química de substancias físicas, sino que entraña la química del alma y la influencia del espíritu, en conjunta operación armónica para que no resulte un monstruo humano, un homúnculo mental en vez de un ser humano. Si se comprendieran mejor las leyes de la alquimia, desaparecerían la escrófula, el cáncer, sífilis, tuberculosis y otras enfermedades hereditarias, dando por resultado una generación sana y vigorosa.

La mente es el gran alambique [aparato de destilación] en que se transmutan y purifican las pasiones humanas. El verdadero fuego mágico, sin el cual no cabe hacer nada de provecho, es el amor autoconsciente o el espiritual reconocimiento del Yo. El hombre no engendra los pensamientos, que de por sí existen; tan solo asocia, elabora y modifica sus expresiones.

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Pensamientos e ideas

No podemos imaginar nada que no exista, ni tampoco ir más allá de formar nuevas combinaciones de los elementos ya existentes. Podemos imaginar una serpiente con cabeza humana, porque hay serpientes y hombres; pero no podemos imaginarnos la forma de un habitante del sol, porque no concebimos las formas posibles en condiciones de existencia de que no tenemos idea y por lo tanto no existen para nosotros.

Si como opina algún fisiólogo moderno fuese el pensamiento una secreción cerebral, como la bilis lo es del hígado, se desvanecería el pensamiento después de expresado y habríamos de esperar a que el cerebro recobrase su potencia para segregar otro igual antes de tener dos veces el mismo pensamiento. También nos sería preciso no comunicar a nadie nuestros pensamientos ni transmitir nuestras ideas so pena de perderlos. Verdaderamente no hay necesidad de ir a caza de absurdos en los antiguos tratados de alquimia, porque de sobra los encontramos en las obras de las modernas autoridades científicas.

Los pensamientos y las ideas son entidades que existen independientemente de la percepción del hombre, de quien no necesitan para existir aunque el hombre las necesite para pensar. Los pensamientos y las ideas puestas en movimiento por la Voluntad vibran en el espacio. Un pensamiento vibrante en el éter astral se parece a las ondas expansivas en la superficie de un lago. Un pensamiento proyectado a un punto fijo por la energía de un adepto, puede compararse a una corriente eléctrica que atravesara el espacio con la velocidad del rayo.

Los pensamientos dirigidos hacia un objeto son como impetuosa corriente cuyo flujo se intensifica cuando la voluntad de varias personas se combina para dirigirla, con tal que no haya en ello segundas intenciones.* Si un río montañero tropieza contra una roca cuya resistencia no pueda vencer, las aguas se remansarán en un lago, devastando la margen para volver a su fuente.


* Se dice que algunos "Jesuitas" conocen muy bien esta ley, de que se valen para ejercer telepática influencia en las mentes.


Si una corriente mental no puede penetrar en la esfera del individuo a que va dirigida, reacciona contra quien le dio el impulso. Así es que si alguien concentra sobre otro toda la fuerza de su maligno pensamiento, se expone, si fracasa, a que le mate la misma energía que actualizó.

Ejemplo de esta ley tenemos cuando una persona muere de pesar. El rayo de fuerza continuamente proyectado por un largo e intenso deseo imposible de satisfacer, reacciona sobre el corazón, transmutando por repentina reversión del sentimiento el amor en pesadumbre, la atracción en repulsión y el deseo en menosprecio, pasta determinar con ello la enfermedad y la muerte.

La luz atraviesa el espacio a la velocidad de 300.000 kilómetros por segundo y casi la misma es la velocidad del pensamiento. Un rayo de luz se ve fulgurar en el aire y puede interceptarlo un cuerpo opaco. Un pensamiento vibra en el espacio y puede interceptarlo una mente receptiva. Multitud de gentes oyen un sonido, y un pensamiento puede conmover el mundo. Así como un guijarro al caer en el agua levanta ondas concéntricas más y más amplias, aunque más débiles en razón directa de la distancia, así también el pensamiento vibrante en una mente se extiende desde este cent ro, levantando ondas en la familia, la ciudad, la nación y el mundo entero.

Pudiera escribirse una biogenesia de las infecciones del pensamiento y de las epidemias mentales, para ver como todas las reformas derivaron de un pensamiento central; y el mismo origen tuvieron las cruzadas, la hechicería medieval, las flagelaciones, la inquisición, el materialismo moderno y las extravagancias de la moda.

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Transferencia de pensamiento

El dar presupone capacidad de recibir. La posibilidad de infundir un pensamiento en mente ajena presupone la capacidad de recibir en la propia la misma impresión. Quien sea bastante sensitivo y este en condición pasiva, no tardará en quedar sujeto a una voluntad bajo cuya influencia obre inconscientemente. Una persona dormida puede quedar impresionada por los sueños que otro provoque en su imaginación, sin más que proyectar en la mente del dormido los cuadros forjados en la suya. El sujeto hipnotizado identifica su mente con la del hipnotizador, hasta el punto de quedar bajo el completo dominio de la voluntad de su dueño.

En la vida ordinaria vemos individuos que avasallan a otros y los someten a sus mandatos sin sumirlos en sueño ni siquiera manifestar su deseo. Un general no necesita hipnotizar a sus soldados para que le obedezcan. La diferencia entre el sumiso y el hipnotizado consiste sencillamente en que la voluntad del primero no resiste y la del segundo no puede resistir.

Un impulso suscitado por la voluntad persiste hasta que se consume la energía. Si al primer impulso suceden otros en la misma dirección, el efecto aumentará proporcionalmente, de modo que un pensamiento repetido con insistencia podrá recaer, por muy lejos que esté, en la persona a quien se dirija.

Sería imposible mover a distancia cuerpos inanimados con la sola fuerza de voluntad, si no hubiese contacto substancial entre dichos cuerpos y quien intenta moverlos. Sin embargo, como hay quien los mueve, debe de haber contacto aunque sea invisible. El akása proporciona este contacto y la vigorizada fuerza de voluntad de un individuo puede actuar por medio de la substancia de su propia alma sobre el alma del objeto y ponerlo en movimiento. De este modo hablan las mesas y suenan las campanillas. Sin embargo, no todos son capaces de realizar este fenómeno, pues para ello se requiere perfecto organismo astral; y por lo tanto, sólo pueden cumplirlo quienes tengan muy vigoroso el cuerpo astral y span valerse de sus órganos a voluntad.*


* La señora H.P. Blavatsky le dijo al autor en carta particular: "He probado que todos estos médiums pueden actuar por influencia de "espíritus", y otros por su propia voluntad, sin esta influencia: que el sonido de campanillas, adivinación del pensamiento, golpeteos y demás fenómenos físicos, puede realizarlos quien tenga la facultad de actuar en su cuerpo físico mediante los órganos del cuerpo astral, y yo tuve esta facultad desde los cuatro años, de suerte que podía mover los muebles y mantener objetos en el aire come si flotaran, porque los sostenía con mis brazos astrales invisibles. Todo esto antes de que supiera nada de los Maestros".


Los pensamientos y la conciencia de un individuo o de una colectividad pueden proyectarse enfocadamente sobre cualquier objeto o lugar situado en el radio de su esfera mental, mediante la vibración de los elementos astrales del objeto o lugar en que penetren. De este modo pueden ponerse las plantas y piedras preciosas en simpática relación con las personas, hasta el punto de que si la persona enferma o muere, la planta se marchita y la piedra pierde su brillo. Ningún ser de la naturaleza es por completo inanimado, pues el principio vital subyace igualmente en el hombre y en la piedra, sin más diferencia que el grado de actividad.

Si suscitamos las correspondientes vibraciones en el alma de los seres inferiores, su vida se unirá a la nuestra, porque todas las formas individuales son centros en que se ha plasmado la Mente universal y todas están relacionadas y entrefundidas por el universal aglutinante del Amor. Un ave morirá tal vez al ver muerta a su compañera y una madre sentirá en sí misma el accidente que le haya sobrevenido a su hijo. Se sabe que dos gemelos cayeron enfermos a un tiempo de la misma dolencia y ambos murieron a la misma hora, aunque sus cuerpos estaban separados por la distancia. Ningún ser está enteramente aislado en la naturaleza, sino que a todos une el divino amor, y cuanto más conscientes sean del amor que les une, más lo serán también de su unidad.

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Unidad

La separación y la diferenciación se contraen a la forma, pues la fuerza fundamental es una y quienes han identificado sus mentes con este principio reconocen su unidad, de modo que la distancia no es obstáculo para la acción de sus mentes. El espíritu es substancia inseparable, impenetrable, indivisible y eterna. La forma es una agregación separable, penetrable, divisible y sujeta a continuas alteraciones.

La "comunión de los santos" es una realidad porque todos están espiritualmente unidos. La luz es una. Todas las luces de un aposento equivalen a una sola luz compuesta de ellas. Sólo hay un "sonido" con multitud de manifestaciones. La orquesta que resuena en un salón consta de diversidad de instrumentos con su peculiar sonido, cuyas vibraciones llenan el ambiente y se oyen según su intensidad. Un instrumento suena más recio que otro y una luz brilla más que las otras; pero no se neutralizan ni extinguen mutuamente. El sonido es uno, la luz es una y el espíritu es uno. Tan sólo sus manifestaciones difieren en calidad y fuerza.

El amor es uno aunque se manifiesta diversamente. El amor todo lo une. El amor es un estado de la voluntad. El pensamiento está dirigido por la voluntad, que ha de ser pura, si poderosa. Cuando se desean dos cosas al mismo tiempo, la voluntad actúa en dos direcciones diferentes; pero la división debilita, porque sólo en la unidad está la fuerza. La voluntad es un principio universal no recluido en forma alguna. Si a la par concentramos nuestro pensamiento y nuestra voluntad en una nube, la disgregaremos con rapidez proporcional a la energía con que concentremos nuestra mente.*


* Pocos de nuestros lectores habrán dejado de advertir que cuando una persona al pasar por la calle vuelve la cabeza para mirar a otra, ésta se vuelve también para mirar a quien la mira. Esto sucede demasiado a menudo para achacarlo a coincidencia, y a explicación está en que el impulso volitivo de una persona puede comunicarse a otra; pero probablemente fracasara quien intente atraer con su voluntad a otro para que se vuelva, si su objeto se contrae a la curiosidad de ver si tiene fuerza para ello. En este caso el curioso debilita su voluntad porque desea dos cosas a la vez y fracasa.


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Poder mágico

Como quiera que todas las formas son manifestaciones externas del pensamiento, si pudiéramos sostener un pensamiento y proyectarlo, crearíamos una forma. Pero la generalidad de los hombres son esclavos y no dueños de sus pensamientos, pues no piensan lo que quieren sino lo que les sugieren los pensamientos flotantes en sus mentes.

Para alcanzar poderes mágicos, el primer requisito es saber dominar el pensamiento, regular nuestras actitudes mentales y no permitir que invadan nuestra mente otros pensamientos que los que admita la voluntad. Quien por vez primera haya intentado dominar un pensamiento y sostenerlo durante cinco minutos, habrá echado de ver la dificultad del empeño. Sin embargo, este requisito es de todo punto indispensable para adelantar en el conocimiento de la magia.

Para ser mago se necesita aprender a dominar la mente; porque la mente es la substancia con que opera el mago y en su dominio se basa toda la magia. Nadie logrará dominar la mente ajena si antes no domina la propia. La voluntad actúa exteriormente desde el centro del corazón, y para transportarla más allá de la periferia del cuerpo es preciso ser lo bastante fuerte para regularla en el interior. El neófito ha de dominar sus emociones antes de dominar las de los demás, y debe adueñarse de sus pensamientos antes de plasmarlos objetivamente; porque como la mente no puede regular su propio ser ni sobreponerse a su naturaleza, es necesario un dueño que la domine. Este dueño es el espíritu del hombre.

Sin embargo, el espíritu no tiene poder alguno cuando le falta substancia a qué aplicarlo, un organismo por cuyo medio actúe. Así es que la mente está regulada por la espiritualidad despierta en el interior del hombre, por la naturaleza divina, superior a la mente terrena.

Para alterar una forma hemos de alterar el estado mental de que dicha forma es expresión. Ciertas disposiciones mentales corresponden a determinadas aptitudes del cuerpo, que a su vez provocan el correspondiente estado mental. El hombre arrogante andará erguido y el cobarde encogerá el cuerpo. Inversamente, una postura habitual de encogimiento engendrará cobardía y la costumbre de ir con la cabeza erguida avivará en el hombre la conciencia de su dignidad. Un actor que logre adueñarse del carácter del personaje que representa, no necesitará estudiar actitudes para parecer natural; una persona encolerizada depondrá su cólera si se esfuerza en reír; pero con dificultad se alborozará quien por costumbre esté siempre ceñudo. A fin de establecer determinado régimen mental, se prescriben ciertas posturas y actitudes en las ceremonias religiosas y actos devotos.

Si la mente fuese su propio dueño y las acciones de la Mente universal no estuviesen sujetas a la eterna y divina ley de causa y efecto, sino que actuase por capricho de alguna invisible potestad provista de mente, pero sin sabiduría, resultaría en consecuencia lo más extraordinario y fantástico que pueda presumirse. Tal vez la tierra quedaría inmóvil durante un día o un año y volvería a girar, al siguiente, tan pronto tardía como velozmente. No cabe imaginar los absurdos que ocurrirían, sobre todo si la supuesta potestad siguiese los consejos de sus adoradores.

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Naturaleza

Al observador superficial le parecen hijas de la casualidad las operaciones de la naturaleza. El sol luce y la lluvia cae igualmente sobre las tierras de los justos y de los pecadores. Las tormentas se desatan y el incendio estalla sin cuidar si destruyen la hacienda y acaban con la vida del sabio o del ignorante, porque son necesario resultado de la ley de causa y efecto. El interés individual no puede restringir el bienestar colectivo. Aunque el bienestar del cuerpo humano depende, al parecer y hasta cierto punto, de la voluntad del individuo, el sistema de la naturaleza en conjunto parece como si estuviera independiente de la razón de la Mente universal.

Cuando el intelecto no razona, propende a valorar la absoluta razón de la Mente universal, tomando por medida el relativamente microscópico entendimiento del hombre, como con el mismo motivo podría el insecto que se arrastra por el polvo dudar de la inteligencia del pasajero cuyos pies lo estropean o matan sin piedad ni remordimiento. Si el insecto fuese capaz de razonar, no echaría de ver inteligencia en el pie que lo aplasta; y sin embargo, muy inteligente puede ser el hombre cuyo pie sea el destructor.

No podemos comprender el eterno principio de la razón en la naturaleza, porque ésta actúa de conformidad y en identificación con la ley, mientras que nuestra inteligencia, ofuscada por consideraciones egoístas, no está libre del deseo y por lo tanto se inclina siempre a quebrantar la ley.

Las causas invisibles producen efectos visibles; y la misma causa, en análogas condiciones, producirá efectos análogos. Doquiera se acumule determinada cantidad de energía, ha de consumirse con el tiempo. La acumulada tensión entre las partículas de un explosivo halla su equilibrio al contacto de la chispa; la tensión eléctrica de las regiones superiores de la atmósfera descarga con el rayo; las emociones acumuladas se equilibran por el desborde pasional; las energías condensadas en el alma de la tierra producen los terremotos corticolares, de la propia suerte que una erupción de pena estremece y contrae la forma humana.

La razón del hombre puede evitar el estallido de sus emociones; pero en dónde está el Dios personal que regule las emociones del alma del mundo? Dios no impide el crecimiento de abcesos, cánceres y tumores, pues Dios es la ley y no puede contradecirse. Sus bendiciones van acompañadas de maldiciones. El pie del hombre aplasta al insecto, porque el pie carece de percepción e inteligencia. Dios no impide el crecimiento de un cálculo urinario, porque lo alto no puede manifestarse en lo bajo, la sabiduría no puede actuar en formas inconscientes y los medios han de adecuarse al fin.

Cuando el Hombre universal se haya perfeccionado hasta el punto de ser una consciente esfera de sabiduría sin partes materiales, entonces la misma naturaleza será un dios. Un palitroque no dará las vibraciones musicales de un arpa. La absoluta inteligencia de la Mente universal sólo puede manifestarse relativamente por medio de instrumentos adaptados a la manifestación intelectual. La conciencia absoluta sólo puede manifestarse como conciencia relativa en formas conscientes.

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Sabiduría

La sabiduría es universal y eterna; no es producto de la organización del hombre. Está expresada en la ley fundamental que preside la construcción del universo con todas sus formas, en la hechura de una hoja, en el cuerpo de un animal, en el organismo del hombre. Por doquier se advierte la acción de la sabiduría en la naturaleza, mientras los seres de la naturaleza vivan según la ley natural.

No hay en la naturaleza enfermedades cuyo origen no esté en la actuación de fuerzas contrarias a la ley natural, y por lo tanto antinaturales. Las apariencias contradicen esta afirmación, porque la enfermedad aflige tarnbién a los animales y las plagas son frecuentes en el reino vegetal; pero la cuidadosa investigación de las leyes ocultas de la naturaleza demostrará que todas las formas, así minerales como vegetales y animales, son estados o expresiones de la Mente universal reflejada en el Hombre universal. Son dichas formas producto de la imaginación de la naturaleza, y como sobre ésta actúa e influye la imaginación del hombre para modificarla, si la imaginación del hombre es morbosa, determinará un estado morboso de la naturaleza, cuyas consecuencias serán también morbosas en el plano físico. Esta ley explica por qué las épocas de intensa depravación moral, sensualidad, superstición y materialismo, van seguidas de epidemias, plagas, hambres, guerras y otras calamidades públicas, y bien valdría la pena levantar estadísticas demostrativas de que asi ocurrió siempre.

Las fuerzas elementarías de la naturaleza obedecen ciegamente a la ley que las gobierna. El movimiento originado por un impulso persiste hasta consumida la energía original. Las piedras no tienen inteligencia, porque carecen de organismo por cuyo medio se manifieste la inteligencia; pero si un poder inteligente las pone en movimiento obedecerán a la ley de su naturaleza. Según los organismos ascienden en la escala de evolución y se va desenvolviendo la forma, se manifiesta mayormente su conciencia, que en el reino animal toma la modalidad de instinto y enseña a volar al ave, a nadar el pez, a las hormigas a construir sus madrigueras y a las golondrinas a fabricar sus nidos. Al actuar por medio de los centros nerviosos y de la medula espinal, determina el reflejo movimiento del corazón, de los pulmones y otros órganos del cuerpo.

Cuando en el transcurso de la evolución la médula espinal forma el cerebro, la conciencia dispone de un más acabado instrumento de manifestación. La facultad intelectual sucede al instinto y la Mente universal piensa entonces por medio del individual cerebro del hombre, de la propia manera que la naturaleza universal utiliza su cuerpo para manifestación de sus fuerzas.

El mayor desarrollo del cerebro humano proporciona más perfecto instrumento para la manifestación de la mente; pero como el hombre es en esencia un espíritu, no llega al pináculo de su espiritual evolución con sólo perfeccionar su forma física. El hombre esencial es espíritu y para ostentar sus poderes requiere una organización espiritual. En su interior late el poder de advertir su divina y universal existencia; mas para despertar este poder oculto en su constitución física se necesita otra luz distinta de la luz de la naturaleza, la luz de la una e infinita Sabiduría divina inasequible a la potencia cerebral.

Es la una y eterna Vida en que ha de entrar el hombre si anhela reconocer su inmortal existencia. Para este reconocimiento se necesita un alma organizada tan amplia como el universo. Esta alma pertenece al hombre divino, a la divinidad en la humanidad, cuyo cuerpo material es el mundo y cuya conciencia es la Sabiduría divina, el reconocimiento consciente de la verdad, el redentor del TODO.

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