Gurdjieff Quotes

G. I. Gurdjieff

Auto-Observación (Self-Observation)

Parte 2: Los Centros (The Centers)

 

Auto-Observación: Los Centros

Continuación de la parte 1: La Máquina Humana

[G.I. Gurdjieff citado por P.D. Ouspensky]

"Para encontrar el método que discrimina, debemos comprender que cada función psíquica normal es un medio o un instrumento de conocimiento. Con la ayuda del pensar vemos un aspecto de las cosas y de los sucesos, con la ayuda de las emociones vemos otro aspecto y con la ayuda de las sensaciones un tercer aspecto. El conocimiento más completo que podríamos alcanzar de un tema dado sólo se puede obtener si lo examinamos simultáneamente a través de nuestros pensamientos, sentimientos y sensaciones. Todo hombre que se esfuerza por alcanzar un conocimiento verdadero debe dirigirse hacia la posibilidad de tal percepción.

"En condiciones ordinarias el hombre ve el mundo a través de un cristal deformado, desigual. Y aun si se da cuenta, no puede cambiar nada. Su forma de percepción, sea cual fuere, depende del trabajo de su organismo entero. Todas las funciones son interdependientes y se equilibran entre sí, todas las funciones tienden a mantenerse entre sí en el estado en que están. Por eso, un hombre que comienza a estudiarse a si mismo, al descubrir en sí algo que no le gusta, debe comprender que no será capaz de cambiarlo. Estudiar es una cosa, cambiar es otra. Sin embargo, el estudio es el primer paso hacia la posibilidad de cambiar en el futuro. Y desde el comienzo del estudio de sí, uno debe llegar a convencerse bien de que durante mucho tiempo todo el trabajo consistirá solamente en estudiarse.

"Ningún cambio es posible en las condiciones ordinarias porque cada vez que un hombre quiere cambiar una cosa no quiere cambiar sino esta cosa. Pero todo en la máquina está ligado y cada función está inevitablemente compensada por otra o por toda una serie de otras funciones, aunque no nos demos cuenta de esta interdependencia entre las diversas funciones en nosotros mismos. La máquina está equilibrada en todos sus detalles en cada momento de su actividad. Si un hombre constata en sí mismo algo que le disgusta, y empieza a hacer esfuerzos para cambiarlo, puede llegar a cierto resultado. Pero al mismo tiempo, con este resultado obtendrá inevitablemente otro resultado, que no podía haber sospechado. Al esforzarse para destruir y aniquilar todo lo que le desagrada en él, al hacer esfuerzos hacia este fin, compromete el equilibrio de su máquina. La máquina se esfuerza por restablecer el equilibrio y lo restablece creando una nueva función que el hombre no podía haber previsto.

"Por ejemplo, un hombre puede observar que es muy distraído, que se olvida de todo, pierde todo, etc. Comienza a luchar contra este hábito, y si es suficientemente metódico y resuelto, logra, después de cierto tiempo, obtener el resultado deseado: deja de olvidar o de perder cosas. Esto lo advierte; pero hay otra cosa que no advierte, y que los demás sí advierten, o sea, que se ha vuelto irritable, pedante, criticón, desagradable. Ha vencido su distracción, pero en su lugar ha aparecido la irritabilidad. ¿Por qué? Es imposible decirlo. Sólo el análisis detallado de las cualidades particulares de los centros de un hombre pueden mostrar por qué la pérdida de una cualidad ha ocasionado la aparición de otra. Esto no quiere decir que la pérdida de la distracción deba causar necesariamente la irritabilidad. Cualquier otra característica que no tenga relación alguna con la distracción podría aparecer igualmente, por ejemplo, mezquindad, o envidia, u otra cosa.

"De modo que cuando un hombre trabaja en forma conveniente sobre sí mismo, debe tomar en cuenta los posibles cambios compensatorios que pueden ocurrir y tenerlos en cuenta de antemano. Sólo en esta forma podrá evitar cambios indeseables, o la aparición de cualidades enteramente opuestas a la meta y a la dirección de su trabajo.

"Pero en el sistema general de la actividad, y de las funciones de la máquina humana, hay ciertos puntos en los cuales puede tener lugar un cambio sin ocasionar ningún resultado parasitario.

"Es necesario saber cuáles son estos puntos, y cómo acercarse a ellos, porque si uno no comienza con ellos no obtendrá ningún resultado u obtendrá resultados equivocados e indeseables.

"Un hombre, cuando ha fijado en su pensamiento la diferencia entre las funciones intelectuales, emocionales y motrices, debe, conforme se observa a sí mismo, referir inmediatamente sus impresiones a la categoría correspondiente. Primero debe tomar nota mental tan sólo de aquellas observaciones con respecto a las cuales no le cabe la menor duda, es decir en las que reconoce de inmediato la categoría. Debe rechazar todos los casos vagos o dudosos, y recordar únicamente aquellos que son indiscutibles.

"Si este trabajo se efectúa correctamente, el número de constataciones indudables aumentara rápidamente. Y aquello que al principio le parecía dudoso muy pronto se verá con claridad como perteneciente al primero, al segundo, o al tercer centro. Cada centro tiene su propia memoria, sus propias asociaciones, y su propio pensar.

"De hecho cada centro consiste de tres partes: la intelectual, la emocional y la motriz. Pero no sabemos casi nada acerca de este lado de nuestra naturaleza. En cada centro sólo conocemos una parte. Sin embargo, la observación de sí mismo nos demostrará muy pronto que la vida de nuestros centros es mucho más rica, o en todo caso, que contiene muchas más posibilidades de las que pensamos.

"A la vez, al observar los centros, podremos constatar, al lado de su trabajo correcto, su trabajo incorrecto, es decir, el trabajo de un centro en lugar de otro: las tentativas de sentir del centro intelectual, o sus pretensiones al sentimiento, las tentativas del centro emocional para pensar, las tentativas del centro motor para pensar y sentir. Como ya se ha dicho, el trabajo de un centro por otro es útil en ciertos casos, para salvaguardar la continuidad de la vida. Pero al hacerse habitual este tipo de relevo llega a ser al mismo tiempo dañino, porque comienza a interferir con el trabajo correcto, permitiendo poco a poco a cada centro descuidar sus propios deberes inmediatos y hacer, no lo que debería estar haciendo, sino lo que le gusta más en el momento.

"En un hombre sano y normal, cada centro ejecuta su propio trabajo, es decir, el trabajo para el cual fue especialmente destinado y que está mejor calificado para cumplir. Hay situaciones en la vida de las cuales no podemos hacernos cargo sino sólo con la ayuda del pensamiento. Si en tal momento el centro emocional comienza a funcionar en lugar del centro intelectual. enredará todo, y las consecuencias de esta intervención serán por demás desagradables. En un hombre desequilibrado, la continua substitución de un centro por otro es precisamente lo que se llama «desequilibrio» o «neurosis». Cada centro procura de alguna manera endosarle su trabajo a otro, y al mismo tiempo trata de hacer el trabajo de otro centro para el cual no está capacitado.

"Cuando el centro emocional trabaja en lugar del centro intelectual, introduce nerviosidad, febrilidad y precipitación innecesarias en situaciones en las que, por el contrario, son esenciales un juicio calmo y una deliberación tranquila. Por su lado, cuando el centro intelectual trabaja en lugar del centro emocional, se pone a deliberar en situaciones que requieren decisiones rápidas y hace imposible el discernir las particularidades y los matices tinos de la situación. El pensamiento es demasiado lento. Elabora cierto plan de acción y continúa siguiéndolo aun cuando las circunstancias hayan cambiado y se haya hecho necesario otro tipo de acción.

"Además, en algunos casos la intervención del centro intelectual hace surgir reacciones enteramente equivocadas, porque el centro intelectual es simplemente incapaz de comprender los matices y sutilezas de muchos acontecimientos. Al centro del pensamiento le parecen iguales acontecimientos que son totalmente diferentes para el centro motor y para el centro emocional. Sus decisiones son demasiado generales y no corresponden a las que habría tomado el centro emocional. Esto resulta perfectamente claro si nos representamos la intervención del pensamiento, esto es, de la mente teórica, en el dominio del sentimiento, o de la sensación, o del movimiento. En cada uno de estos tres casos la intervención del pensamiento conduce a resultados totalmente indeseables. El pensamiento no puede comprender los matices del sentimiento.

"Veremos esto claramente si imaginamos a un hombre razonando sobre las emociones de otro. Como él mismo no experimenta nada, lo que experimenta el otro no existe para él. Un hombre saciado no comprende a un hambriento. Pero para éste, su hambre es muy real; y las decisiones del primero, o sea del pensamiento, no pueden en ningún caso satisfacerlo.

"En la misma forma, el pensamiento no puede apreciar las sensaciones. Para él son cosas muertas. Tampoco es capaz de controlar el movimiento. Es de lo más fácil encontrar ejemplos de esta clase. Cualquiera que sea el trabajo que un hombre está haciendo, bastará que trate de hacer deliberadamente cada uno de sus gestos con su mente, siguiendo cada movimiento, y verá que cambiará inmediatamente la calidad de su trabajo. Si está escribiendo a máquina, sus dedos gobernados por su centro motor encuentran por sí mismos las letras necesarias; pero si antes de cada letra trata de preguntarse a sí mismo: «¿Dónde está la C?» «¿Dónde está la coma?» «¿Cómo se deletrea esta palabra?» — en seguida comienza a cometer errores o a escribir muy despacio. Si un hombre conduce un automóvil con su centro intelectual, por cierto no tendrá interés en pasar de la primera velocidad. El pensamiento no puede seguir el ritmo de todos los movimientos necesarios a una marcha rápida. Es absolutamente imposible para un hombre ordinario conducir rápido con su centro intelectual especialmente en las calles de una gran ciudad.

"Cuando el centro motor hace el trabajo del centro intelectual, da como resultado la lectura mecánica o la audición mecánica, aquella de un lector o de un oyente que no percibe sino palabras y se queda totalmente inconsciente de lo que lee o escucha. Esto sucede generalmente cuando la atención, es decir la dirección de la actividad del centro intelectual, está ocupada en alguna otra cosa, y cuando el centro motor trata de suplantar al ausente centro intelectual. Esto se convierte muy fácilmente en un hábito porque generalmente el centro intelectual está distraído, no por un trabajo útil, pensamiento o meditación, sino simplemente por el ensueño o la imaginación.

Continuación en la parte 3: La Imaginación y Los Hábitos

Fuente: G.I. Gurdjieff citado por P.D. Ouspensky, Fragmentos de Una Ensenanza Desconocida, capitulo 6, paginas 87-90 de pdf aqui: https://selfdefinition.org/gurdjieff/

top of page

 

Self-Observation: The Centers

Continued from part 1: The Human Machine

[G.I. Gurdjieff quoted by P.D. Ouspensky]

"In order to find a way of discriminating we must understand that every normal psychic function is a means or an instrument of knowledge. With the help of the mind we see one aspect of things and events, with the help of emotions another aspect, with the help of sensations a third aspect. The most complete knowledge of a given subject possible for us can only be obtained if we examine it simultaneously with our mind, feelings, and sensations. Every man who is striving after right knowledge must aim at the possibility of attaining such perception.

"In ordinary conditions man sees the world through a crooked, uneven window. And even if he realizes this, he cannot alter anything. This or that mode of perception depends upon the work of his organism as a whole. All functions are interconnected and counterbalance one another, all functions strive to keep one another in the state in which they are. Therefore when a man begins to study himself he must understand that if he discovers in himself something that he dislikes he will not be able to change it. To study is one thing, and to change is another. But study is the first step towards the possibility of change in the future. And in the beginning, to study himself he must understand that for a long time all his work will consist in study only.

"Change under ordinary conditions is impossible, because, in wanting to change something a man wants to change this one thing only. But everything in the machine is interconnected and every function is inevitably counterbalanced by some other function or by a whole series of other functions, although we are not aware of this interconnection of the various functions within ourselves. The machine is balanced in all its details at every moment of its activity. If a man observes in himself something that he dislikes and begins making efforts to alter it, he may succeed in obtaining a certain result. But together with this result he will inevitably obtain another result, which he did not in the least expect or desire and which he could not have suspected. By striving to destroy and annihilate everything that he dislikes, by making efforts to this end, he upsets the balance of the machine. The machine strives to re-establish the balance and re-establishes it by creating a new function which the man could not have foreseen.

"For instance, a man may observe that he is very absent-minded, that he forgets everything, loses everything, and so on. He begins to struggle with this habit and, if he is sufficiently methodical and determined, he succeeds, after a time, in attaining the desired result: he ceases to forget and to lose things. This he notices, but there is something else he does not notice, which other people notice, namely, that he has grown irritable, pedantic, fault-finding, disagreeable. Irritability has appeared as the result of his having lost his absent-mindedness. Why? It is impossible to say. Only detailed analysis of a particular man's mental qualities can show why the loss of one quality has caused the appearance of another. This does not mean that loss of absentmindedness must necessarily give rise to irritability. It is just as easy for some other characteristic to appear that has no relation to absent-mindedness at all, for instance stinginess or envy or something else.

"So that if one is working on oneself properly, one must consider the possible supplementary changes, and take them into account beforehand. Only in this way is it possible to avoid undesirable changes, or the appearance of qualities which are utterly opposed to the aim and the direction of the work.

"But in the general plan of the work and functions of the human machine there are certain points in which a change may be brought about without giving rise to any supplementary results.

"It is necessary to know what these points are and it is necessary to know how to approach them, for if one does not begin with them one will either get no result at all or wrong and undesirable results.

"Having fixed in his own mind the difference between the intellectual, the emotional, and the moving functions, a man must, as he observes himself, immediately refer his impressions to this or that category. And at first he must take mental note of only such observations as regards which he has no doubt whatever, that is, those where he sees at once to what category they belong. He must reject all vague or doubtful cases and remember only those which are unquestionable.

"If the work is carried on properly, the number of unquestionable observations will rapidly increase. And that which seemed doubtful before will be clearly seen to belong to the first, the second, the third center. Each center has its own memory, its own associations, its own thinking.

"As a matter of fact each center consists of three parts: the thinking, the emotional, and the moving. But we know very little about this side of our nature. In each center we know only one part. Self-observation, however, will very quickly show us that our mental life is much richer than we think, or in any case that it contains more possibilities than we think.

"At the same time as we watch the work of the centers we shall observe, side by side with their right working, their wrong working, that is, the working of one center for another; the attempts of the thinking center to feel or to pretend that it feels, the attempts of the emotional center to think, the attempts of the moving center to think and feel. As has been said already, one center working for another is useful in certain cases, for it preserves the continuity of mental activity. But in becoming habitual it becomes at the same time harmful, since it begins to interfere with right working by enabling each center to shirk its own direct duties and to do, not what it ought to be doing, but what it likes best at the moment.

"In a normal healthy man each center does its own work, that is, the work for which it was specially destined and which it can best perform. There are situations in life which the thinking center alone can deal with and can find a way out of. If at this moment the emotional center begins to work instead, it will make a muddle of everything and the result of its interference will be most unsatisfactory. In an 'unbalanced' kind of man the substitution of one center for another goes on almost continually and this is precisely what 'being unbalanced' or 'neurotic' means. Each center strives, as it were, to pass its work on to another, and, at the same time, it strives to do the work of another center for which it is not fitted.

The emotional center working for the thinking center brings unnecessary nervousness, feverishness, and hurry into situations where, on the contrary, calm judgment and deliberation are essential. The thinking center working for the emotional center brings deliberation into situations which require quick decisions and makes a man incapable of distinguishing the peculiarities and the fine points of the position. Thought is too slow. It works out a certain plan of action and continues to follow it even though the circumstances have changed and quite a different course of action is necessary.

"Besides, in some cases the interference of the thinking center gives rise to entirely wrong reactions, because the thinking center is simply incapable of understanding the shades and distinctions of many events. Events that are quite different for the moving center and for the emotional center appear to be alike to it. Its decisions are much too general and do not correspond to the decisions which the emotional center would have made. This becomes perfectly clear if we imagine the interference of thought, that is, of the theoretical mind, in the domain of feeling, or of sensation, or of movement; in all three cases the interference of the mind leads to wholly undesirable results. The mind cannot understand shades of feeling.

"We shall see this clearly if we imagine one man reasoning about the emotions of another. He is not feeling anything himself so the feelings of another do not exist for him. A full man does not understand a hungry one. But for the other they have a very definite existence. And the decisions of the first, that is of the mind, can never satisfy him.

"In exactly the same way the mind cannot appreciate sensations. For it they are dead. Nor is it capable of controlling movement. Instances of this kind are the easiest to find. Whatever work a man may be doing, it is enough for him to try to do each action deliberately, with his mind, following every movement, and he will see that the quality of his work will change immediately. If he is typing, his fingers, controlled by his moving center, find the necessary letters themselves, but if he tries to ask himself before every letter: 'Where is "k"?' 'Where is the comma?' 'How is this word spelled?' he at once begins to make mistakes or to write very slowly. If one drives a car with the help of one's mind, one can go only in the lowest gear. The mind cannot keep pace with all the movements necessary for developing a greater speed. To drive at full speed, especially in the streets of a large town, while steering with the help of one's mind is absolutely impossible for an ordinary man.

"Moving center working for thinking center produces, for example, mechanical reading or mechanical listening, as when a man reads or listens to nothing but words and is utterly unconscious of what he is reading or hearing. This generally happens when attention, that is, the direction of the thinking center's activity, is occupied with something else and when the moving center is trying to replace the absent thinking center; but this very easily becomes a habit, because the thinking center is generally distracted not by useful work, by thought, or by contemplation, but simply by daydreaming or by imagination.

Continued in part 3: Imagination and Habits

Source: George I. Gurdjieff as quoted by P.D. Ouspensky, In Search of the Miraculous: Fragments of an Unknown Teaching, chapter 6, page 114-117 of pdf here: https://selfdefinition.org/gurdjieff/

top of page