Canciones de Kabir 100 Poemas

(Siglo 15)

Versión: Rabindranath Tagore
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Canciones 26-50

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XXVI

Todas las cosas están creadas por Dios. El Amor es Su cuerpo. No tiene forma, ni cualidad, ni decadencia. Trata de unirte a El.

Ese Dios indeterminado toma millares de formas a los ojos de las criaturas: Es puro e indestructible. Su forma es infinita e insondable.

Danza extasiado y Su danza describe mil formas vaporosas.

El cuerpo y el espíritu desbordan felicidad cuando los toca Su gozo infinito.

Está inmerso en toda conciencia, en todo júbilo, en todo dolor.

No tiene principio ni fin.

Contiénese entero en su Beatitud.

XXVII

La misericordia de mi verdadero Maestro es la que me ha dado a conocer lo desconocido.

Por El sé caminar sin pies, ver sin ojos, oír sin orejas, beber sin labios, volar sin alas. En el país donde no hay ni sol, ni luna, ni noche, ni día, he amado y he meditado. Sin comer he saboreado la dulzura del néctar; sin agua he aplacado mi sed.

El gozo compartido es la plenitud del gozo. ¿Ante quién podía expresarse jamás? Kabir dice:

Mi Maestro es más grande que los mundos, e inmensa la buena ventura de su discípulo.

XXVIII

Ante lo incondicionado danza lo condicionado. "Tú y yo no somos más que uno", proclaman las trompetas.

El Maestro avanza y saluda a su discípulo: tal es la mayor de las maravillas.

XXIX

Gorakhmatte le pregunta a Kabir:

–Dime, ¡oh, Kabir!, ¿cuándo comenzó tu vocación? ¿Dónde nació tu amor?

Kabir responde:

-Cuando Aquel cuyas formas son múltiples aún no había empezado su representación; cuando no había ni maestro ni discípulo; cuando todavía no existía el mundo, cuando el Uno supremo estaba solo, entonces fue cuando me hice asceta; entonces, ¡oh, Gorakh! Brahma atrajo mi corazón a El.

Cuando me instruí en la doctrina de los ascetas, Brahma no estaba coronado, ni Vishnú ungido de rey, ni había nacido aún la potencia de Shiva.

Fue en Benarés donde tuve una revelación repentina, y Ramananda me iluminó. Traía conmigo la sed del infinito, he acudido a la cita de mi Dios.

Con toda simplicidad me uniré con la simple Unidad. Y surgirá mi amor.

¡Marcha, oh, Gorakh, al ritmo de esa música!

XXX

Sobre ese árbol hay un ave; danza en el gozo de la vida. Nadie sabe dónde está. ¿Y quién podrá decir el estribillo de su canción?

Entre lo más espeso y sombrío del ramaje, allí tiene su nido. Viene de noche y echa a volar por la mañana. Yo no la comprendo.

Nadie puede decirme qué ave es esa, la que canta en mi alma. Sus plumas no tienen color ni dejan de tenerlo. No tiene forma ni perfil. Se guarece a la sombra del amor. Duerme en el seno de lo inaccesible, de lo infinito y de lo eterno, y nadie sabe cuándo echa a volar; y nadie sabe cuándo ha de volver.

Kabir dice:

Profundo es el misterio, ¡oh, santo hermano! Deja que los sabios descubran la morada del ave.

XXXI

Día y noche me apesadumbra una cruel angustia y no puedo dormir. Suspiro pensando en la cita que ha de darme mi Bienamado y ya no siento el placer de vivir en la casa paterna.

Las puertas del cielo están abiertas; entro en el templo; encuentro a mi Esposo y deposito a sus pies la ofrenda de mi cuerpo y de mi espíritu.

XXXII

¡Danza, corazón mío! Danza hoy de gozo. Los cánticos de amor llenan de música los días y las noches, y el mundo vive atento a sus melodías.

Locas de júbilo, la vida y la muerte danzan al ritmo de esa música.

Los montes, el océano y la tierra danzan. Entre sollozos y carcajadas la humanidad danza.

Tu Señor está en ti; ¿a qué abrir los ojos hacia el mundo exterior?

Kabir dice:

Oyeme, hermano mío: mi Señor me ha arrebatado y me ha unido a El.

XXXIII

¿Cómo podría quebrarse el amor que nos une?

Cual la hoja del loto reposando sobre el agua, así eres tú, mi Señor, y yo soy tu esclavo. Cual el ave nocturna contempla la luna en la noche, así eres tú, mi Señor, y yo soy tu esclavo.

Desde el comienzo hasta el fin de los tiempos está el amor entre Tú y yo. ¿Cómo podría extinguirse ese amor?

Kabir dice:

Cual el río penetra en el océano, así mi corazón penetra en ti.

XXXIV

¡Tristes están mi espíritu y mi cuerpo! Te necesitan. Ven a mi casa, ¡oh, mi Bienamado!

Cuando me llaman "tu prometida" me avergüenzo de que mi corazón aún no haya poseído tu corazón. ¿Qué amor es, pues, este amor mío?

No tengo hambre; no tengo sueño; nunca hallo reposo, ni en El ni fuera de El. Como el agua para el sediento, así es el Novio para la novia.

¿Quién le llevará el mensaje a mi Bienamado?

Kabir está angustiado. Agoniza de no haberlo visto.

¡Tristes están mi espíritu y mi cuerpo! Te necesitan.

XXXV

¡Despierta, oh, amiga, no duermas más! Se acabó la noche; ¿quieres perder también la jornada?

Otras que despertaron a tiempo, ya recibieron sus joyas. Todo lo perdiste tú, ¡oh, loca!, durante el sueño. Tu Amado es prudente, y tú insensata, ¡oh, mujer!

Nunca preparaste el lecho de tu esposo. Te pasaste los días en inútiles juegos. Tu juventud se ha marchitado en vano, puesto que no has conocido a tu Señor. ¡Despierta, despiértate! Mira: tu lecho está vacío. Durante la noche, El te ha abandonado.

Kabir dice:

Sólo despierta aquella cuyo corazón está traspasado por las flechas de su palabra.

XXXVI

Cuando el sol brilla, ¿dónde está la noche? Y es de noche cuando el sol ha retirado su luz.

Donde hay conocimiento, ¿puede persistir la ignorancia? Y si hay ignorancia, el conocimiento debe perecer.

Si hay lujuria, ¿cómo puede haber amor? Donde está el amor, no existe la lujuria.

Empuña la espada y corre a la batalla. Combate, ¡oh, hermano!, mientras dure tu vida. Corta la cabeza de tu enemigo para darle así una muerte rápida. Vuélvete luego, para inclinar la frente ante el triunfo de tu Rey.

El hombre valiente no abandona jamás el combate; el que huye no es un verdadero combatiente.

En el coto cerrado de nuestro cuerpo se libra una gran guerra contra las pasiones, la cólera, el orgullo y la envidia.

Donde más arrecia la batalla es en el Reino de la Verdad, del contentamiento y de la pureza, y la espada más activa es la tizona que lleva su nombre.

Kabir dice:

Cuando un valeroso caballero entra en liza, la multitud de los cobardes se pone en fuga.

Denodado y áspero combate el que libra aquel que busca la Verdad.

Su voto es más difícil de cumplir que el del guerrero o el de la viuda que quiere reunirse con su esposo.

Pues el guerrero combate durante unas horas y la lucha de la vida con la muerte concluye muy pronto.

Pero la batalla de aquel que busca la Verdad prosigue día y noche, y sin que cese mientras dura su vida.

XXXVII

La cerradura del error cierra la cancela: ábrela con la llave del amor. Al abrir la puerta, despertarás al Bienamado.

Kabir dice:

No pases, ¡oh, hermano!, sin aprovechar tan buena ventura.

XXXVIII

El cuerpo, ¡oh, amigo!, es Su lira.

Tiende las cuerdas y hace sonar la melodía de Brahma.

Si las clavijas se aflojan o las cuerdas se rompen, entonces, instrumento de polvo, vuelve el cuerpo al polvo.

Kabir dice:

Sólo Brahma y ningún otro puede crear semejantes melodías.

XXXIX

Amo muy de veras a quien puede devolver su hogar al viajero extraviado.

En el hogar está la verdadera unión, en el hogar está la dicha de la vida. ¿Por qué abandonaré mi hogar para andar errante por el bosque?

Si Brahma me hace alcanzar la verdad, hallaré en el hogar la servidumbre y la libertad a un tiempo.

Amo a quien tiene el poder de hundirse profundamente en el seno de Brahma, a quien posee la facultad de sumirse en la contemplación.

Amo a quien conoce a Brahma y puede quedarse en meditación sobre su suprema Verdad.

Amo a quien puede ejecutar la melodía del infinito, uniendo en su vida el amor y el sacrificio.

Kabir dice:

El hogar es la morada verdadera; en el hogar está lo real, el hogar hace que alcancemos a Aquel que es realidad.

Quédate, pues, donde estás y todo lo tendrás a su tiempo.

XL

Nada mejor, ¡oh, santo hombre!, que unirse simplemente a El.

Desde el día en que hallé a mi Dios, los juegos de nuestro amor ya no han cesado. No cierro los ojos, no tapo mis oídos, no mortifico mi cuerpo.

Miro con los ojos muy abiertos, sonrío, y por doquiera contemplo Su hermosura. Murmuro su nombre, y todo cuanto veo me habla de El. Todos mis actos constituyen un culto que rindo a mi Dios.

La aurora y el crepúsculo me parecen iguales. Las contradicciones ya no existen para mí. Por doquiera que voy, en El me afano. Todo cuanto hago lo hago en Su servicio. Al acostarme me prosterno a Sus pies. Sólo El es adorable a mis ojos; no conozco otro.

De mi boca ya no salen palabras impuras. Día y noche canto Sus alabanzas. De pie o sentado, no puedo olvidarlo, porque el ritmo de Su canción lo llevo en mis oídos.

Kabir dice:

Un gozo frenético abrasa mi corazón y descubre todos los misterios ocultos en mi alma. Estoy sumergido en una inmensa felicidad que supera toda alegría y todo dolor.

XLI

En los baños sagrados no hay más que agua, y sé de su ineficacia, pues me he bañado en ellos.

Las sagradas imágenes carecen de vida; no pueden hablar; lo sé, puesto que las he convocado a gritos.

Los Puranas y el Corán, no son más que palabras; aparté el velo y lo vi. Kabir deja que hable la experiencia; todo el resto es mentira, lo sabe muy bien.

XLII

Me río cuando oigo decir que el pez tiene sed en el agua.

No alcanzas a ver que lo real está en tu hogar y andas errante de bosque en bosque. ¡En ti está la Verdad! Donde quiera que vayas, a Benarés o a Mathura, si no encuentras tu alma, el mundo no tendrá realidad para ti.

XLIII

El pendón oculto se halla izado en el templo del cielo. Allí se despliega el baldaquín azul adornado de luna y constelado de brillantes. Allí brilla la luz del sol y de la luna. Sosiégate, alma, y contempla ese esplendor en silencio.

Kabir dice:

Quien bebe de ese néctar cae en el delirio.

XLIV

¿Quién eres? ¿Y de dónde vienes?

¿Dónde reside el Espíritu Supremo y cómo puede mezclarse en todos los juegos de la Creación?

El fuego está en la madera; pero ¿quién lo despierta de súbito? La madera conviértese en cenizas; y, ¿adónde va la fuerza del fuego?

El verdadero Maestro nos enseña que el Espíritu no tiene límite ni fin.

Kabir dice:

Brahma adapta su palabra a la inteligencia de sus oyentes.

XLV

¡Oh, santo!, purifica tu cuerpo con toda simplicidad.

Como el grano está en el bananero; como las flores, los frutos y la sombra de las hojas están en el grano, así el germen está en el cuerpo, y en ese germen el cuerpo se encuentra a sí mismo.

El fuego, el aire, el agua, la tierra y el éter no están fuera de El.

Considera esto, ¡oh, Kazi; oh, Pundit! ¿Qué cosa hay que no esté en nuestra alma?

El cántaro lleno de agua flota en el agua, contiene agua y está rodeado de agua. No hay que darle a esto nombre alguno, no vaya a despertarse el error del dualismo.

Kabir dice:

Escucha la palabra, la verdadera, que es tu esencia; El se dice la palabra a Sí mismo, y El mismo es el Creador.

XLVI

Es un árbol extraño; crece sin raíces y lleva frutos sin haber dado flores.

No tiene ramas ni hojas; es un loto puro. En él cantan dos aves: una es el Maestro; la otra, su discípulo.

El discípulo escoge los abundantes frutos de la vida y los saborea; el Maestro lo contempla gozoso.

Lo que Kabir dice es difícil de comprender:

El ave no puede ser alcanzada, aunque resulta claramente visible. El que no tiene forma está en el seno de todas las formas.

XLVII

He aplacado la angustia de mi alma y mi corazón se regocija. En el estado en que estoy, he visto al Supremo Camarada.

Permaneciendo esclavo me liberé; me desprendí de las garras de toda mezquindad.

Kabir dice:

Alcancé lo inaccesible y en mi corazón tornasolan los colores del amor.

XLVIII

Lo que tú ves no existe, y para lo que existe no tienes palabras. A menos de ver, no crees; lo que te dicen no puedes admitirlo.

Quien tiene discernimiento aprende por las palabras, y el ignorante se queda con la boca abierta.

Algunos contemplan lo Informe y otros meditan sobre la forma; pero el sabio sabe que Brahma está por encima de ambos.

La hermosura de Brahma no puede verse con los ojos. La vibración de su palabra no puede llegar hasta el oído.

Kabir dice:

Aquel que ha encontrado a la vez el amor y el sacrificio, no se abisma jamás en la muerte.

XLIX

La flauta del Infinito toca sin jamás interrumpirse, y canta Su amor.

Cuando el Amor renuncia a todo límite, alcanza la Verdad.

¡Cuán lejos se esparce su perfume! No tiene fin; ningún obstáculo se le opone.

La forma de su melodía brilla como un millón de soles.

La vina hace vibrar incomparablemente las notas de la verdad.

L

¡Me acucia, caro amigo, encontrar a mi Bienamado!

Mi juventud ha florecido y el dolor de verme separada de El me oprime el seno. Yerro sin rumbo por los senderos del saber, aunque he recibido noticias Suyas a través de esos senderos.

Tengo una carta de mi Bienamado; en esa carta hay un mensaje inefable, y ahora ya no le temo a la muerte.

Kabir dice:

¡Oh, mi caro amigo! He recibido como presente al Único Inmortal.

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