Jeanne de Salzmann Quotes

The Reality of Being

Mme de Salzmann New York

Discurso 5: Dónde está nuestra atención Talk 5: Where our attention is

 

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Dónde está nuestra atención

Un llamado a la consciencia

El niño quiere tener. El adulto quiere ser.
El querer ser, está detrás de todas mis manifestaciones.
Aprender a ver, es la primera iniciación al conocimiento de sí.
No luchamos contra algo. Luchamos por algo.
Creo que necesito poner atención; pero, en realidad, lo que necesito es conocer mi falta de atención.
Cuando comienzo a ver, comienzo a amar lo que veo.
Dónde está nuestra atención, está Dios.

 

Dónde está nuestra atención

Quiero estar consciente de mí. Tal como estoy en este momento, ¿puedo conocerme, tener conciencia de mí? No puedo. Estoy demasiado disperso. No siento nada. Pero veo que estoy dormido y veo los síntomas de ese sueño. Me he olvidado de mí, he olvidado el sentido de mi existencia. Y en ese momento, recibo un choque: siento que me despierto, que quiero despertarme. Apenas experimento el choque, me siento tornado de nuevo, retenido por los elementos de mi sueño: las asociaciones que dan vueltas, las emociones que me toman, las sensaciones pasivas. Siento que vuelvo a caer en el olvido.

Uno no se da cuenta de cuan pasivo es, siempre arrastrado por los acontecimientos, las personas y las cosas. Empezamos un trabajo con mucho interés, conscientes de nuestra meta. Pero al cabo de cierto tiempo, el impulso se debilita, vencido por la inercia. La comprensión disminuye y uno siente la necesidad de algo nuevo que restaure el entusiasmo, la vida. De esa manera, nuestro trabajo interior avanza por etapas y depende siempre de fuerzas nuevas. Esto está determinado por una ley. Hay que desechar la idea de que el avance se realiza en forma continua y en línea recta. Hay etapas en las que la intensidad disminuye y, si uno no quiere recaer es necesaria la aparición de una fuerza más activa.

El hombre pasivo en nosotros, el único que conocemos, es el que recibe toda nuestra confianza. Pero, mientras permanezcamos pasivos, nada nuevo ocurrirá, Hay que volverse activo en relación con nuestra inercia, en relación con el trabajo pasivo de nuestras funciones. Si queremos cambiar, tenemos que buscar en nosotros al hombre nuevo, el que está escondido; es decir, el del recuerdo, el que tiene una fuerza que sólo puede ser dirigida por su voluntad y a quien hay que hacer crecer gradualmente, paso a paso. Uno debe ver que es posible un estado más intenso, más activo.

Debo reconocer que en mi estado habitual mi atención no está dividida. Cuando me abro a lo exterior, estoy naturalmente interesado. Mi atención va hacia allá. No puedo impedírmelo. Si mi fuerza de atención está completamente tomada, estoy perdido en la vida, identificado. Toda mi capacidad de estar presente se pierde. Me pierdo, pierdo mi propio rastro, el sentimiento de mí mismo; mi existencia pierde su sentido. Entonces, el primer cambio requerido es una separación en la que mi atención se divide.

Nuestro esfuerzo debe ser siempre claro: estar presente, que es el comienzo del recuerdo de sí. Cuando la atención se divide, estoy presente en dos direcciones, tan presente como pueda. Mi atención se dirige en dos direcciones opuestas y yo estoy en el medio. Es el acto de recordarse a sí mismo.

Quiero mantener una parte de mi atención sobre la conciencia de pertenecer a un nivel superior y, bajo esa influencia, trato abrirme al mundo exterior. Debo hacer un esfuerzo para permanecer relacionado, un esfuerzo de atención. Trato de conocer realmente lo que soy. Lucho por seguir estando presente, a la vez con un sentimiento de "Yo" que se vuelve hacia una calidad mejor y con un sentimiento ordinario ligado a mi persona. Quiero ver y no olvidar mi pertenencia a estos dos niveles.

Debemos ver dónde está nuestra atención. ¿Dónde está nuestra atención cuando nos recordamos de nosotros? ¿Dónde está nuestra atención en la vida? El orden se puede nacer sólo cuando entramos en contacto directo con el desorden. No estamos en el desorden. Somos el estado de desorden. Si miro lo que soy realmente, veo el desorden. Y donde hay un contacto directo, hay una acción inmediata. Comienzo a darme cuenta de que mi Presencia es donde está mi atención.

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Where our attention is

A call to consciousness

The child wants to have, the adult wants to be.
The wish to be, is behind all my manifestations.
To learn to see, is the first initiation into self-knowledge.
We struggle not against something, we struggle for something.
I believe I need to pay attention when, in fact, I need to see and know my inattention.
When I begin to see, I begin to love what I see.
Where our attention is, God is.

Where our attention is

I wish to be conscious of myself. Yet, as I am at this moment, can I know myself, can I be conscious of myself? I cannot. I am too scattered. I feel nothing. But I see that I am asleep, and I see the symptoms of this sleep. I have forgotten the sense of my existence, I have forgotten myself. And at this moment I receive a shock. I am awaking, I want to wake up. Then, having scarcely felt the shock, I feel myself taken again, held back by the elements of my sleep—associations that turn around, emotions that take me, unconscious sensations. I feel myself fall back into forgetfulness.

We do not realize how passive we are, always pulled along by events, people and things. We begin an activity with great interest, fully aware of our aim. But after a certain time the impulse weakens, overcome by inertia. Our understanding diminishes, and we feel the need for something new that will restore the interest, the life. Our inner work progresses like this in stages, and always depends on new forces. It is determined by laws. We must get rid of the idea that progress is continuous in a straight line. There are stages where the intensity diminishes and, if we wish not to fall back, a force must appear that is more active.

The passive "man" in us, the only one we know, is the one we trust. But as long as we remain passive, nothing new can appear. We must become active in relation to our inertia, the passive work of our functions. If we wish to change, we must look for the new "man" in ourselves, the one who is hidden. This is the one who remembers, who has a force that can only be brought by our wish, our will, and must grow degree by degree. It is necessary to see that a more active state, a greater intensity, is possible.

I need to recognize that in my usual state my attention is undivided. When I open to the outside, I am naturally interested in it. My attention goes there. I cannot prevent myself. If my force of attention is entirely taken, I am lost in life, identified, asleep. All my capacity to be present is lost. I lose myself, the feeling of myself. My existence loses its meaning. So, the first step is a separation in which my attention is divided.

Our effort must always be clear—to be present, that is, to begin to remember myself. With the attention divided, I am present in two directions, as present as I can be. My attention is engaged in two opposite directions, and I am at the center. This is the act of self-remembering.

I wish to keep part of my attention on the awareness of belonging to a higher level and, under this influence, try to open to the outer world. I must make an effort to remain related, an effort of attention. I try to know truly what I am. I struggle to stay present, at the same time with a feeling of "I" turned toward a better quality and with an ordinary feeling tied to my self, my person. I wish to see and not forget that I belong to these two levels.

We must see where our attention is. Where is our attention when we remember ourselves? Where is our attention in life? Order can be born in us only if we enter into direct contact with disorder. We are not in the disorder. We are the state of disorder. If I look at what I really am, I see the disorder. And where there is a direct contact, there is an immediate action. I begin to realize that my Presence is where my attention is.

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